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Pasando consulta
Antonio Jalón Monzón | Urólogo

"La próstata está en la mente de todos, pero antes de un PSA hay que explicarlo bien"

"Todo el mundo debería hacer uno o dos años de medicina general, y después la especialidad" l "Cada vez hay más mujeres que se dedican a la urología"

16.04.2016 | 06:18
Antonio Jalón Monzón.

Antonio Jalón Monzón (Oviedo, 1968) vivió la medicina desde que nació. Es hijo de Roger Jalón Sales, especialista en pulmón y corazón ya fallecido, que durante largo tiempo ejerció de neumólogo en el Instituto Nacional de Silicosis, y de forma intermitente tuvo consulta privada. En el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), el doctor Jalón ejerce como urólogo, una especialidad a la que llegó después de una escala en la medicina de familia.

-¿Médico por herencia genética?

-Siempre viví la medicina de primera mano, pero mis padres no nos inculcaron, a ninguno de los siete hermanos, estudiar una carrera u otra. A mí me gustaba lo que hacía mi padre, el trato que tenía con los pacientes. La verdad es que era una buena persona, muy humano, muy cercano al enfermo. Quizá ver a una persona que hace bien su trabajo te acerca a esa profesión. Creo que dedicarme a la medicina fue un gran acierto.

-¿Cuántos hermanos se inclinaron por la medicina?

-Dos somos médicos y uno enfermero.

-¿Por qué urología?

-Hice inicialmente medicina de familia, que me gustó muchísimo porque me gusta la medicina. Sinceramente, la elegí porque no tenía un buen número para coger otra especialidad. Pero la hice feliz y contento, y tuve un gran tutor, Luis Viña, en el centro de salud de Teatinos. Cuando terminé la especialidad me contrataron unos meses en urgencias del HUCA, luego decidí seguir por la primaria, pero era difícil trabajar en Asturias. Me fui a León y estuve en Lugo año y medio. Después me puse a preparar las oposiciones de primaria, pero se anularon. Y entre medias llegó otra vez el MIR. Como siempre me había gustado la cirugía, y en concreto la urología, me examiné, saqué buen número y elegí urología en el HUCA. Tenía 30 años.

-O sea, que haciendo medicina de familia había aprendido mucha medicina.

-Sí. Una vez que has hecho familia, te enfrentas al examen MIR de una manera totalmente distinta. Y una vez que empecé urología, no tuve que dedicar el primer año a estudiar medicina, cómo es el trato con los pacientes, cómo se trata una angina de pecho o una disnea, sino que puse a estudiar urología desde el primer día.

-¿Y qué se encontró?

-Que un paciente urológico no es sólo su riñón, su vejiga o su próstata, sino que a menudo tiene otra patología, y tienes que resolverla. Ahí me ayudó mucho haber hecho medicina de familia.

-Con todos los respetos para los urólogos, usted es un urólogo que sabe medicina.

-Hay muchos urólogos que saben medicina.

-Vale, pero esa formación le ha dado una perspectiva muy integral.

-Sí, y distinta. No es que sepas más, sino que abordas los problemas de otra forma.

-En algunos países, la especialización va precedida de una formación global previa.

-Sí, suelo decir que todo el mundo debería hacer uno o dos años de medicina general, y después la especialidad.

-¿Esa formación previa le ayudó a acercarse de otra forma al enfermo?

-No, porque eso ya lo había visto en casa con mi padre, en los veranos que estuve con él en la consulta privada. Y luego, en familia, el tutor me había enseñado también mucho.

-¿Cómo influye el tutor en la formación médica?

-Influye en todo. Es un beneficio recíproco. La presencia de un residente obliga al tutor a estar al día, y al residente le estimula un buen tutor para estudiar, para dar la talla...

-¿Qué sorpresas le dio la urología en los primeros momentos?

-Cuando llegas piensas que es más reducida, que se limita a próstata, tactos rectales y poco más. Pero qué va... Es una especialidad médico-quirúrgica. Tiene mucha medicina, infecciones, prostatitis... y muchísima cirugía de patología renal, de patología de la vejiga, de la próstata, de los testículos, del pene, mucha cirugía tumoral... Es un campo amplísimo. Manejamos el intestino para hacer nuevas vejigas. Manejamos cirugía vascular, la cava, la aorta... Tenemos una formación muy amplia.

-¿Qué parte le gusta más?

-Operar. La cirugía siempre me atrajo.

-¿Tiene la sensación de que el quirófano es mucho más resolutivo que atender una consulta o dar una medicación?

-Es distinto, pero creo que sí, que te da más posibilidades. Quizá el paciente ve y valora más lo que haces por él. Muchos de nuestros pacientes son tumorales, y en consecuencia distintos. Saben que, en muchos casos, vas a darles supervivencia, calidad de vida. Eso es satisfactorio para el médico y para el paciente.

-La palabra cáncer lo transforma todo.

-Sí, es una palabra que muchos pacientes no quieren oír, y eso llama la atención. Muchos pacientes saben que tienen un tumor, pero no quieren oír esa palabra.

-¿Y un médico que pasa a ser paciente?

-Hay de todo. Los hay que se ponen en tus manos y se olvidan de que son médicos, y otros que son más complicados, y que además comentan el problema a tres o cuatro médicos más. Eso ya es problemático, porque hay que tomar una decisión entre varios. Esto pasa mucho entre médicos.

-¿Tiene miedo al síndrome del recomendado?

-No, no creo en él.

-La próstata es una preocupación omnipresente.

-La próstata está en la mente de todos los hombres. Genera mucha demanda. La gente tiene miedo sufrir un tumor, quiere hacerse un cribado, y no es todo tan sencillo ni está recomendado a todo el mundo.

-¿Apoya los programas universales de cribado de cáncer de próstata?

-Con los estudios de los que disponemos actualmente, no está recomendado. Otra cosa es el diagnóstico precoz a personas bien informadas, en riesgo de padecer cáncer de próstata, que no tienen síntomas. Una vez explicado el proceso, adelante. Eso sí, después de una exploración. Y luego un tacto rectal, que es necesario, y un PSA, que tanto le gusta a la gente pedirlo.

-¿Qué debe saberse del PSA?

-Mucha gente te dice: "Vengo por lo de la próstata y quiero un PSA". La PSA es una proteína producida por la próstata, pero puede dar positivo por razones ajenas a un cáncer. Es verdad que ayuda a diagnosticar el cáncer de próstata, pero también da lugar a sobrediagnósticos y sobretratamientos. A falsos positivos, quiero decir. Por eso al paciente hay que explicarle la rueda en la que se mete cuando pide un PSA. Por ejemplo, si da positivo hay que hacer una biopsia de próstata, que conlleva riegos.

-¿Sigue habiendo reticencias entre los pacientes a que se sepa que sufren una patología urológica?

-Sí, hay gente que nos pide que sólo les informemos a ellos.

-¿Cuál es la patología que más secretismo genera?

-La disfunción eréctil. Pero también hay pacientes que vienen a operarse de un tumor y reclaman que no se informe a nadie más.

-¿Esa voluntad hay que respetarla siempre?

-Totalmente.

-Hay muy pocas mujeres dedicadas a la urología.

-Cada vez hay más. En nuestro servicio hay una uróloga adjunta, y de los cinco residentes cuatro son chicas. Ya digo que es una especialidad atractiva para quien se acerca a ella.

-¿Entre los pacientes hay mayoría de hombres o de mujeres?

-Hombres, un 65 ó 70 por ciento del total.

-Las operaciones mediante láser se publicitan mucho.

-Sí, se publicitan mucho. Quizá se les da más bombo del que realmente se merecen. Para obtener unos buenos resultados hace falta mucha formación. En todo caso, son una herramienta importante.

-La atención urológica tiene una vertiente privada importante.

-Hay mucha gente que pide una segunda opinión, y es difícil encontrarla en la sanidad pública porque está muy masificada.

-¿Tiene previsto dedicarse a la privada?

-Me gustaría, pero en este momento prefiero dedicar más tiempo a mi familia.

-Usted es un runner convicto y confeso.

-Siempre me gustó. Yo iba al colegio Los Robles, que estaba a diez u once kilómetros de mi casa, y muchas veces venía corriendo. Ahora tengo un amigo que me entrena y me lo tomo más en serio. Te ayuda a despejar.

-¿Lo recomienda?

-Recomiendo hacer algún tipo de deporte, y ahora está tan de moda que si no haces algo estás desfasado, fuera de onda.

-¡Un carbayón que vive en Gijón!

-Vengo a Oviedo todos los días, pero llevo 17 años en Gijón. Se está fenomenal.

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