¿Cómo saborear la vida?

Una actitud alegre que se recrea en lo bueno y huye de lo negativo supone una gran ayuda para disfrutar de la existencia

16.04.2016 | 06:18
Una mujer hace ejercicio en una playa.

Durante un corto trayecto en autobús escucho a una mujer despedirse de otra. "¡Ah, né, saborea la vida!".

Saborear la vida... Una vez en casa, consulto el diccionario de la Real Academia Española. Me quedo con la tercera acepción de saborear: "Apreciar detenidamente y con deleite la vida."

Detenidamente, pausadamente, sin prisas. Con deleite, requiere de nosotros una actitud. La actitud de centrarnos atentos sobre lo que queremos disfrutar. Actitud que necesita quietud, tranquilidad.

La prisa es incompatible con la percepción atenta que nos permite saborear la vida. El sosiego y la serenidad nos ayudarán a saborear con gusto y sin histerismos los buenos momentos que nos depara.

Vivimos con intensidad la parte negativa de la vida y compartimos el dolor social de las malas noticias tiñendo de tristeza nuestros despertares. Pero la vida no sólo nos da quebrantos, también nos da dicha. ¿La aprovechamos? Saboreemos sensaciones provenientes de nuestro mundo exterior, de nuestro mundo interior y del sentido de la vida.

A) Del mundo exterior: Sensaciones y emociones positivas, placeres momentáneos dependientes de circunstancias externas. Por ejemplo, escuchar música, saborear una comida, darnos un baño caliente o una ducha refrescante.

B) De nuestro mundo interior: Pueden ir asociados al esfuerzo o al buen comportamiento, a la satisfacción del deber cumplido. Estudiar, practicar un deporte, ayudar a alguien, escuchar.

C) Del sentido de la vida: La motivación que nos da la trascendencia, tener proyectos vitales, poner nuestras fortalezas al servicio de los demás, del conocimiento, de la familia, de la comunidad, de la sociedad. Sensaciones que proporcionan bienestar psicológico. Sensaciones que nos proporciona el amor a los demás.

Las siguientes estrategias que nos dictan Bryant y Veroff nos ayudarán a saborear las experiencias positivas:

Compartir con otros. Nos hará disfrutar de todas las cosas con mayor intensidad que si estamos solos.

Construir memorias. Crear fotos mentales, detalles positivos que al revivirlos nos proporcionarán deleite. La historia que construyamos será importante para poder compartirla con amigos, hijos, nietos, y revivirla con gozo.

Celebrar los buenos momentos y los logros conseguidos. Se trata de ser más conscientes de las alegrías , consecuciones y vivencias positivas, activando nuestros sentidos, centrándonos en los detalles y concentrándonos en lo que estamos viviendo para aumentar su disfrute.

Manifestar nuestra alegría. Mediante risas, saltos, abrazos y otras conductas similares, nos ayudará a vivir con más intensidad. También hay que tomar conciencia de la fugacidad de esas experiencias, disfrutándolas en el momento, ya que son transitorias.

Eliminar pensamientos aguafiestas. Por ejemplo en vez de estar saboreando un pastel, estoy pensando que debería estar redactando un informe.

Resumiendo: ¡Saborea la vida, né!

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