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Gente de Oviedo

"Una señora nos metió el burro hasta la rebotica para mirarle las orejas"

"Pinto con un estilo impresionista y muchos de mis cuadros tienen temática ovetense; también me encanta tocar el acordeón"

16.04.2016 | 06:18
José Colinas Carro (Pepe Colinas), en la plaza de la Catedral, ante el Museo de Bellas Artes.

José Colinas Carro, conocido en Oviedo como Pepe Colinas, pintor vocacional y auxiliar de farmacia durante 50 años, nació en la localidad leonesa de Villamañán y, cuando era un niño de ocho, sus padres le trajeron a Oviedo. La llegada a la ciudad le cambio la vida. Más definitivo aún fue empezar a trabajar, a los 14 años, en la farmacia de Mariano de la Vega, en la calle Magdalena, donde se preparaban las medicinas para toda la cabaña ganadera del cinturón rural de Oviedo, y donde se celebraban algunas de las tertulias de rebotica más jugosas que se recuerdan en la capital.

De Villamañán a Oviedo. "Mis padres se vinieron para Asturias y yo me quedé con los abuelos en Villamañán. Fueron los años más felices de mi vida, a pesar de haberme criado en una familia muy humilde. A los ocho años me trajeron para Oviedo. Empecé en el colegio Loyola en las clases gratuitas que daban los Escolapios a niños sin recursos. Un buen día preguntaron en clase si alguien tenía vocación para ser sacerdote. Yo levanté la mano y estuve dos años en Villacarriedo (Cantabria). Entonces enfermé por algo relacionado con la mala alimentación. Mi abuelo me llevó a Villamañán y se negó a que regresase al seminario. Si las gallinas ponían cuatro huevos, todos eran para mí".

La academia Ojanguren y el comienzo en la botica. "De vuelta a Oviedo, entré en la academia de Armando Ojanguren que, sabedor de mis circunstancias familiares, me colocó en la farmacia de Mariano de la Vega, donde estuve 37 años, 32 con don Mariano, como siempre le llamé, y cinco con su hija, María Antonia de la Vega. Luego me fui a una farmacia de Pravia, hasta que me jubilé. Llegué con pantalones cortos. Don Armando me hizo memorizar un verso para presentarme ante el farmacéutico, todo un personaje en Oviedo. Lo primero que me hizo fue un test de caligrafía. Yo tenía muy buena letra y le causé buena impresión. Comenzó una relación de gran cariño con don Mariano, un gran profesional, muy honesto que vivía los problemas de la gente como si fuesen suyos".

El punto de referencia para el cinturón rural . "La farmacia estaba especializada en veterinaria. En el Campillín se celebraba un mercado de ganado y muchos de los clientes llegaban de la zona rural. El que tenía dos o tres vacas pagaba lo que fuese con tal de curarlas. El resto de farmacias de Oviedo se referían a nosotros como 'la farmacia de los animales'. Don Mariano decía que aquello nos venía muy bien. Hacíamos mucha formulación. No se vendían tantas medicinas preparadas como ahora. Una señora de San Esteban de las Cruces llegó a meternos al burro en el despacho para que le mirásemos las orejas. Me gustaba mi trabajo y aprendí mucho. Los clientes de clase más alta eran los que dejaban los pufos".

El vino medicinal que acompañaba la conversación. "Era un Oviedo muy entrañable, con mucho chismorreo. La gente nos pedía bolsas para que en las tiendas no viesen lo que traían comprado de otros comercios. En la farmacia había tertulias por la mañana. Venían Pedro Gallego y Magín Berenguer, entre otros. Don Mariano sacaba un vino dulce medicinal que hacía con base de vino de Cariñena, y aquel brebaje amenizaba la conversación. Era un remedio que sólo se vendía en las farmacias, como el agua mineral embotellada".

El aroma a medicina que se llevó el ordenador. "La botica olía a medicamentos. Ahora las farmacias son otra cosa. El ordenador lo domina todo. También hacíamos análisis. Mis últimos 13 años de farmacia los pasé en Pravia, en la farmacia de Daniel Mateo. Allí me encontré con el ordenador y también fui consciente de lo mucho que había aprendido de mi primer jefe, que en realidad fue como un padre para mí".

Vocación artística desarrollada en la madurez. "La afición a la pintura me viene de los tiempos del seminario. En las noches de guardia aprovechaba para pintar. Ahora me ha surgido la oportunidad de exponer en la librería-café Santa Teresa, en la calle Covadonga. Mi estilo es impresionista, y muchos de mis cuadros son de temática ovetense. La música también se me da bien, sobre todo el acordeón. De hecho, estudié solfeo en el conservatorio".

Abuelo atento y orgulloso. "Tengo tres hijos -dos varones y una chica- y tres nietos. Uno vive en Barcelona y le visitamos a menudo. Los otros dos están en Oviedo y todas las tardes los recojo en el colegio. No cambiaría esos momentos por nada. Me siento muy orgulloso de enseñarles cosas y transmitirles mi amor por la naturaleza. Miguel, con 10 años, será un gran músico, y Paula, de 7, una estrella del patinaje. Marc, el más pequeño, ya es forofo del Barça".

El "runner" que corrió el maratón de Varadero. "Ahora que está tan de moda correr, tengo que decir que soy un 'runner' veterano, uno de los pocos españoles que han corrido el maratón de Varadero, en Cuba. He participado en 40 maratones y fundé el club deportivo Cincor, que significa 'cinco corriendo'. Organizamos carreras, como la subida a Pajares. Es precioso ver cómo la gente soluciona sus problemas corriendo. Eso de la soledad del corredor de fondo es tontería. Nunca vas solo, siempre te acompaña el pensamiento. La mejor zona de Oviedo para correr es la pista Finlandesa; también la senda verde de Fuso. De todas formas, Oviedo es una ciudad muy necesitada de espacios para correr. Antes éramos cuatro, y ahora cada vez hay más gente. Comencé a los 39 años. Empecé a sentirme tan bien que no dejé de correr ni un solo día".

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