Las viejas tumbas de San Cipriano

El cementerio de San Salvador, inaugurado oficialmente en 1885, sustituyó - a la antigua necrópolis ubicada en Prado Picón, considerada insalubre

16.04.2016 | 06:18
Las viejas tumbas de San Cipriano

El cementerio actual de San Salvador, ubicado en el sitio denominado El Bosque, inaugurado oficialmente el uno de enero de 1885, sustituyó al antiguo cementerio viejo de San Cipriano, en la zona del Prado Picón, donde se alza ahora el actual Seminario.

Este cementerio había sido construido a principios del XIX con los primeros enterramientos oficiosos desde 1809 aunque su funcionamiento oficial se sitúa en 1816 hace doscientos años. Su desaparición originó una fuerte polémica en la que terciaron ediles, vecinos y médicos. Sesenta años después, sus dimensiones reducidas y el amontonamiento de sepulturas aconsejaban la necesidad de buscar otro emplazamiento más amplio, aunque existían opiniones favorables a su mantenimiento por su cercanía y por lo que suponían los elevados costes de traslado a un sitio tan lejano como era entonces la zona del actual.

En los inicios de la década de los 80 del XIX el estado del cementerio era tan lamentable que las autoridades sanitarias alertaban sobre los riesgos de epidemias, ante soterramientos muy superficiales que en muchos casos dejaban al descubierto un elevado número de cadáveres.

El largo proceso de deterioro del viejo cementerio y su limitada capacidad determinó que las autoridades municipales iniciasen gestiones a principios de los años 70 del siglo XIX, encaminadas a buscar los terrenos adecuados para una nueva necrópolis.

Inicialmente se barajaron los terrenos del polvorín de La Manjoya y alguno más. Finalmente se optó por El Bosque después de un largo proceso de gestación, incluido un largo pleito sostenido con la propiedad de parte del terreno. En 1883 empezaron las obras. Las bendijo en 1884 el Prelado de la Diócesis, con la asistencia del gobernador militar, presidente de la Diputación, médicos, concejales y párrocos. Para celebrar el acto se montaron cuatro cruces coronadas con una de grandes dimensiones en el centro de la necrópolis.

El 11 de diciembre de 1884 el alcalde Longoria dictó un decreto estableciendo las distintas tasas de enterramiento, inaugurándose 21 días más tarde, el 1 de enero de 1885. En mayo de 1897 el Ayuntamiento obligó a que a partir del uno de junio se trasladasen los cadáveres en coche fúnebre. Se prohibió de forma terminante realizar las conducciones a hombros desde la capilla de San Roque hasta el cementerio ó desde la casa mortuoria para aquellos que falleciesen de enfermedad epidémica o contagiosa.

Un tema polémico surgió con motivo del nuevo cementerio por los derechos adquiridos por los titulares de las sepulturas y panteones del cementerio viejo y la reubicación en el nuevo de San Salvador. En marzo de 1926, treinta años después de su inauguración, seguían trasladándose restos del de San Cipriano. Finalmente el 6 de junio de 1941 el Ayuntamiento ordenó retirar los últimos restos antes de clausurarlo definitivamente

Según datos estadísticos de la época, en noviembre de 1929 la media de enterramientos desde 1885 era de tres diarios, unos mil anuales, aproximadamente. Aunque los libros de registro desaparecieron durante la guerra civil, el dato permaneció inalterable -según el capellán-a lo largo de 44 años, a pesar del aumento importante de población de la ciudad. En 1951 el capellán Armando García ofrece otra estadística muy semejante: 10.300 enterramientos durante la década de 1941-1951. En octubre de 1928 el Ayuntamiento realizó obras importantes de mejora en los accesos al cementerio y derribó los cipreses del paseo central por considerar negativo su aspecto lúgubre. Los sustituyó por rosales que mejoraron la imagen, al mismo tiempo que permitieron un ensanchamiento de las calles. Se instalaron aseos. Obra muy necesaria para la cual se tomó el agua desde el gran depósito cisterna que recoge los pluviales.

Con la llegada de la II República, en noviembre de 1932 y en virtud de la aplicación de las nuevas normas sobre el uso de los cementerios, se suprime la figura del capellán y el uso de la capilla. En julio de 1935 una moción del concejal García Bernardo planteó la reapertura de la capilla, de propiedad municipal, siendo rechazada por los doce concejales de la mayoría imperante en aquella Corporación.

En la ciudad existió otro cementerio en las inmediaciones de la iglesia de San Julián que cubría las necesidades de enterramiento de la parroquia cuyo territorio llegaba hasta las proximidades de Lugones. En épocas anteriores ya había sido clausurado por estar en un sitio excesivamente urbano, literalmente entre casas habitadas.

Su funcionamiento se recuperó por la larga distancia que había que recorrer desde algunos lugares de la feligresía hasta San Salvador. En el año 1956 se clausuró, al igual que el cementerio de guerra de San Pedro de los Arcos, que se ubicaba en prados de propiedad privada contiguos a la iglesia y se había improvisado durante la guerra civil por estar en zona ocupada por los sitiadores el de San Salvador. Se calculaba que habían sido enterradas 2.000 personas, en su mayoría soldados españoles y marroquíes. Asimismo se dio sepultura a numerosos civiles. Como curiosidad destaca un hecho sorprendente: El cementerio de San Salvador estuvo sin servicio telefónico desde la Revolución de Octubre de 1934 hasta febrero de 1950, tras 16 años de gestiones estériles ante la Telefónica.

Luis Riera, el recordado alcalde ovetense, me comentaba la anécdota de un deseo de Fermín Canella -cronista de Asturias y de Oviedo-que sugirió a la funeraria, que, cuando falleciera y trasladaran su cadáver a San Salvador se le reservara en el ataúd un "furaquín", para que al ascender por la carretera de San Lázaro camino del cementerio, pudiera dirigir una "última" mirada a su querido Oviedo.

Armando García, contaba que en 1951 una noche, una persona aprovechando que la puerta estaba semiabierta, subía por el paseo central, ante su estupor y el de Modesto, el conserje, que quiso interceptarlo a lo que se opuso, decidiendo seguirle los pasos.

Llegó hasta una sepultura y repitió "porque te quise, te vengo a ver". Al retorno, el cura se dirigió al intruso y le dijo "oiga amigo, no se asuste, le hablan el capellán y el conserje".

El hombre respondió ofendido: "¡Ah! ¿pero qué hacen ustedes por aquí a estas horas? Les contó que su novia había fallecido hacia 8 años y después de estar bebiendo por algunos bares decidió subir a testimoniarle su amor.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine