06 de mayo de 2016
06.05.2016
La columna del lector

Religión y laicismo

06.05.2016 | 03:34

El consenso de los políticos para desalojar de las instituciones todo símbolo cristiano y acto religioso no legitima ni hace justo dicho consenso cuando no se tienen en cuenta las honestas costumbres, las tradiciones y la historia de los pueblos. "Secundum consuetudines patriae".

Impulsar desde las instituciones del Estado democrático la laicidad no es menos reprobable que la pretensión de imponer desde un credo religioso el Estado teocrático.

La militancia laicista desde las organizaciones del Estado es un remedo anacrónico de los regímenes comunistas y fascistas totalitarios que intentaron matar y mutilar la religión cristiana.

La representación proporcional y la participación en actos religiosos ni merma la absoluta autonomía de secularidad de las instituciones públicas, ni condiciona la libertad de conciencia de los representantes de la "res publica", ni compromete la neutralidad del Estado, ni es contrario a los derechos humanos universales.

Es el reconocimiento de un hecho de parte del rico patrimonio material e inmaterial de nuestros pueblos, que los políticos debieran ser los primeros en valorar y proteger.

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