¿Cómo detectar la agorafobia? (I)

El miedo a los lugares concurridos se vence con la exposición gradual a esos enclaves l El problema se supera

21.05.2016 | 05:40
¿Cómo detectar la agorafobia? (I)

En muchas ocasiones nos encontramos con personas que siente miedo a salir de casa, a estar solas o ir a lugares donde hay mucha gente, como calles, supermercados y autobuses.

Este miedo va acompañado muchas veces de temor a perder el control sobre sus propias reacciones y a que ese sentimiento les provoque un ataque de pánico.

Estamos posiblemente ante una persona con agorafobia. Esta situación provoca que dicha persona tienda a evitar esos lugares. Esa actitud se convierte en costumbre. Cuando no queda más remedio que ir a esos "focos de miedo", intenta acudir con alguien conocido y termina por hacerse dependiente de esa persona para salir de casa.

Hablamos de un problema bastante corriente que afecta a 6 personas de cada 1.000, siendo más frecuente en mujeres que en hombres. La agorafobia no está relacionada con ninguna enfermedad mental seria, ni con ningún trastorno físico conocido. Su origen podría explicarse en una reacción desmesurada ante situaciones normales, viviéndolas como si fueran peligrosas, para posteriormente desarrollar una preocupación hacia esas mismas sensaciones y generar una conducta de evitación de esos lugares relacionados con el foco de miedo.

Esta forma de actuar es equivalente a la forma en que reaccionamos ante una situación de verdadero peligro: el corazón late con fuerza, notamos un sudor frío, temblamos y hasta se nos revuelve el estómago. La reacción de cada persona es diferente, pero la mayoría vive estas situaciones con mucha angustia.

Nos encontramos con una persona extremadamente sensible, que reacciona de manera automática ante circunstancias totalmente normales.

Si intentamos buscar el origen de esta situación problemática, quizás nos encontremos con un origen situado en una enfermedad o un embarazo, cuando el organismo está más débil; otras veces, tras un trauma o shock emocional; y otras, en épocas de estrés y tensión prolongadas.

Pero, independientemente de la causa u origen, una vez iniciada esa reacción, suele seguir ocurriendo con más frecuencia en ciertos lugares o con cosas concretas, que inconscientemente han quedado asociadas a esa sensación de miedo.

La persona queda, así, condicionada. Ante esos lugares o cosas, de forma involuntaria, lo desee o no, sentirá miedo. De esta forma, se produce una asociación.

Y esto ocurre hasta el punto de que esas reacciones de miedo llegan a asociarse con enclaves concretos en una especie de aprendizaje totalmente involuntario.

Así que, la exposición gradual y sistemática a estas situaciones que provocan esa tensión, y que aparecen previamente condicionadas, hará que poco a poco rompamos esa asociación y como consecuencia logremos vencer a este incómodo compañero de viaje, llamado agorafobia.

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