30 de julio de 2016
30.07.2016
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AVELINO DE LA PIENDA | Catedrático de Filosofía, autor del libro "Estructuras militares de la Guerra Civil en el concejo de Las Regueras"

"Del paso por Las Regueras dependía el abastecimiento de las tropas nacionales"

"He catalogado un total de 58 búnkeres; los hay que son una obra de arte, útiles y confortables, y algunos están muy bien conservados"

30.07.2016 | 05:40
Jesús Avelino de la Pienda, con su libro, ante una de las estructuras catalogadas.

Acaba de cumplirse el 80º aniversario del levantamiento que dio origen a la Guerra Civil española. Un conflicto bélico entre hermanos que se dejó sentir en Asturias durante 15 terribles meses que tienen en el sitio de Oviedo, tras la sublevación del Coronel Aranda, su capítulo más significativo. Menos recordadas, quizá, son las batallas que tuvieron lugar en Las Regueras, con la defensa de Oviedo como telón de fondo. El legado que el conflicto dejó en la zona se plasma en numerosos vestigios bélicos que un filósofo con espíritu de historiador, el profesor Jesús Avelino de la Pienda, ha querido referenciar en su libro "Estructuras militares de la Guerra Civil en el concejo de Las Regueras".

-Usted es catedrático en Filosofía y, sin embargo, lleva años investigando los vestigios arquitectónicos de la Guerra Civil en Las Regueras.

-Nací en plena Guerra Civil y crecí escuchando historias a mis padres y vecinos sobre la crueldad del conflicto. Mi interés creció a partir de 1991. Ese año compré una finca en El Escamplero, y cuando comencé a arreglarla me encontré material de la guerra y empecé a catalogarlo. La finca está atravesada por una trinchera, y encontré seis nidos de ametralladora, además de proyectiles, trozos de bombas de mano y cadenas de tanques. Empecé a recabar información y constaté que no se había realizado ningún estudio científico sobre la arquitectura militar de la zona. Con lo que tenía y con lo que fui descubriendo, decidí escribir un libro.

-¿A qué se debe la presencia de tantas estructuras militares en Las Regueras?

-Ocupar las alturas era dominar los valles. Los montes de Las Regueras eran de tal importancia que de ellos dependía el abastecimiento de los nacionales que se habían sublevado en Oviedo. Los nacionales se posicionaron allí y centraron sus esfuerzos en las alturas que les garantizaban la conexión entre Grado, Santullano, El Escamplero y Oviedo. Los republicanos hicieron lo mismo en otras alturas: crearon el llamado Frente del Nalón, que llegaba desde Oviedo a Soto del Barco y pasaba por Las Regueras. Era una línea difícil de pasar sin que hubiera un gran número de muertos.

-Sin embargo, las tropas nacionales acabaron pasando...

-La historia nos ha demostrado que el plan de resistir lleva, generalmente, las de perder frente al ataque. Aunque Oviedo inicialmente era el único punto leal a las tropas nacionales, los republicanos acabaron quedándose solos ante el asedio de los sublevados que entraban por todo el corredor del Cantábrico. El Frente del Nalón era impresionante, muy difícil de superar, pero las fuerzas leales a la República no tuvieron los refuerzos que esperaban y las tropas nacionales fueron creciendo, duplicaron sus hombres, y al final acabaron derrumbando la muralla republicana situada en Las Regueras para llegar alcanzar Oviedo.

-¿Qué valor estratégico tenía Oviedo para que los sublevados llegasen a enviar a los africanistas al norte de España?

-Oviedo tenía un significado nacional importante. Si los republicanos lograban recuperarla, iba a tener una enorme resonancia, porque conquistar una capital de provincia era fundamental. Especialmente en esta zona, en la que se asentaban dos de las fábricas de armas más importantes de España, la de Trubia, que fabricaba cañones, y la de Oviedo, que hacía las ametralladoras más usadas en la Guerra Civil, entre otras armas. Además, conquistar Oviedo suponía aumentar enormemente la resistencia bélica en todo el norte. Por el contrario, para los nacionales, liberar Oviedo sería fortalecer el frente occidental para poder conectar a la columna gallega con las tropas que venían del País Vasco. El paso Grado-Oviedo por Las Regueras era el que condicionaba que Oviedo cayera o que fuera definitivamente liberado por las columnas gallegas. Esto hacía de Las Regueras un enclave decisivo, tanto a nivel nacional como internacional.

-En Las Regueras se vivieron algunas de las batallas más cruentas de la Guerra Civil en Asturias. ¿Existe una estimación de las muertes que dejó el conflicto bélico en el concejo?

-No hay un registro de los fallecidos. Hay que tener en cuenta que fue una zona en la que hubo represalias de ambos bandos que también dejaron muchos muertos una vez finalizada la guerra. Tengo el testimonio directo de mis padres y de mi familia, que sufrieron este tipo de represalias, primero de los republicanos y, más tarde, de los nacionales. Hay muertos de distintas nacionalidades. Me consta que hay sitios donde se conservan sepulturas de musulmanes que vinieron a luchar con los africanistas. También de republicanos de las Brigadas Internacionales. Hay muertos por todos los lados, un auténtico cementerio de la Guerra Civil. Fue, probablemente, el concejo en el que más soldados cayeron de ambos bandos.

-Lo que sí está catalogado, y recogido en su libro, son las numerosas estructuras militares que siguen en pie en Las Regueras. ¿Cómo es su actual estado de conservación?

-En el libro tengo catalogados 58 búnkeres. Hay otros tres que sé dónde están, pero que no tengo registrados en el libro. Algunos están perfectamente conservados, pero otros están destruidos, especialmente por la cubierta, porque estaba hecha de hormigón armado con distintos diámetros de barras de hierro. Sacar esas barras tenía mucha importancia, porque había mucha escasez de hierro después de la guerra. Hay gente que se dedicó a volar las cubiertas de los búnkeres con dinamita para sacar ese hierro y venderlo. Los hay que son muy difíciles de localizar por este motivo.

-¿Cuánto tiempo le llevó esta catalogación?

-Los tres últimos años los he dedicado en exclusividad a recopilar lo necesario para escribir el libro, aunque ya tenía información anterior. Desde joven me interesé por la Guerra Civil, porque ya digo que nací en ella. Viví la posguerra, que fue muy dura. Pude ir registrando, poco a poco, información de la gente que vivió directamente la contienda. Mis padres y vecinos, de ambos bandos, me dieron muchos testimonios sobre lo sucedido en el concejo. Testigos directos de la Guerra Civil ya no quedan: el último murió hace seis meses, pero pude recabar su testimonio.

-¿Le ha llamado la atención algún aspecto de las estructuras arquitectónicas que ha estudiado?

-Puede apreciarse la preparación que tenían los arquitectos para hacer las estructuras. Se diseñaban teniendo en cuenta dos elementos fundamentales: la zona que las armas tenían que cubrir frente al enemigo y el tipo de arma que se utilizaba. Muchos de los búnkeres fueron adaptando su interior a las nuevas armas que llegaban. Los hay que son una auténtica obra de arte. Tanto el arquitecto como el encofrador pusieron interés en hacer que fueran útiles, pero también confortables, para la gente que iba a estar dentro.

-El libro pretende ser un punto de partida sobre los vestigios de la Guerra Civil en Las Regueras. ¿Qué más investigaciones quedan por hacer?

-Hace falta una investigación arqueológica. Hay un grupo autónomo que está haciendo esa investigación con la autorización del Ayuntamiento y de la Consejería de Cultura. Están usando el libro para localizar las zonas donde pueden hacer excavación y recoger material de la Guerra. A los que están trabajando ahora, lo que les interesa es lo que pueda desvelar la forma de dormir que había en las trincheras y en los refugios subterráneos. Este complemento arqueológico estaría muy bien para completar mi investigación. Así quedaría registrado todo lo que queda de la vida que se llevaba durante la Guerra Civil en las estructuras militares de Las Regueras.

-Escribir sobre la Guerra Civil es hacerlo sobre un asunto que sigue generando controversia incluso cuando se cumplen 80 años de su comienzo. ¿Es posible la reconciliación total entre los dos bandos ideológicos?

-Eso va a depender de la educación que demos a nuestros jóvenes. El odio lo alimenta cualquiera. La reconciliación y los buenos sentimientos de unos hacia otros ya es más difícil, hay que tener cierta categoría personal para hacer eso. La armonía requiere de una paciente educación y de buena información.

-Una prueba de que todavía existe cierta brecha es el debate sobre la finalidad que debe darse al Valle de Los Caídos. En su opinión, ¿cuál es el uso que se le debería de dar al monumento?

-Creo debería de representar a todos. Todas las personas que murieron en la Guerra Civil lo hicieron por España. Unos en nombre de unas ideas, y otros de otras. La memoria histórica debe ser para todos, no sólo para un bando, y no debería servir para resucitar odios, sino para hacerlos olvidar a las nuevas generaciones. Que conozcan la historia y que nunca más vuelva a producirse una guerra entre hermanos, que es la más cruel puede haber.

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