19 de agosto de 2016
19.08.2016

La piara de La Malata crece

Los voluntarios de la ONG Mundo Vivo hallan preñadas a las hembras de los cerdos vietnamitas del asentamiento y levantan un cercado para capturar a los animales

19.08.2016 | 05:14
Luis Bernardo, el presidente de la ONG Mundo Vivo, ayer, en La Malata, junto a una cerda vietnamita preñada.

"Qué raro que no se marche corriendo. Parece que está algo torpe y atontado. Espera, es una hembra y está preñada". El presidente de la ONG Mundo Vivo, Luis Bernardo, dijo ayer esto varias veces durante su visita a La Malata para alimentar a los cerdos vietnamitas que campan por allí a sus anchas desde el desalojo y derribo del poblado chabolista hace diez días. Los voluntarios de la organización no gubernamental contabilizaron al menos dos cerdas en avanzado estado de gestación, cinco crías y otros cinco ejemplares adultos en busca de comida. A la espera de que el Principado -a través de la Dirección General de Ganadería- autorice la captura y posterior traslado de estos animales, una veintena de personas lleva agua y alimento a los puercos.

La ONG espera obtener hoy el visto bueno del Principado para ir mañana sábado a recoger a los animales. Sin embargo, la tarea no será sencilla debido a la extensión del terreno (de cerca de cinco hectáreas), los matorrales que lo rodean y la rapidez de los cerdos. Por eso, los voluntarios levantarán un cercado hecho a base de tela metálica para agrupar allí a los ejemplares después de atraerlos con comida y cogerlos más fácilmente.

Borja Matas, vicepresidente de Mundo Vivo dejó varios bebederos llenos distribuidos estratégicamente por la zona -en el límite de la Corredoria con Lugones y bajo las vías del tren- y mazorcas de maíz cogidas directamente de una plantación abandonada en el antiguo asentamiento. Al rato, un cerdo salió a comer. "Mírala, también está preñada", dijeron los voluntarios, entre los que había gente ajena a la ONG que decidió ir a La Malata para ayudar.

Así, Ana García pasó la tarde de ayer corriendo entre los matorrales y los restos de basura del poblado (desde ropa a neumáticos pasando por cajas de leche) "para echar una mano y alimentar a los cerdos con sobras, fruta, verdura, lechuga, zanahoria y pan". Todo metido en un "tuper" y bajo la atenta mirada de una pareja de la Policía Local destinada a vigilar La Malata.

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