09 de septiembre de 2016
09.09.2016
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Una herramienta rápida contra el suicidio

Los resultados de un fármaco pionero en fase de ensayo se presentan en un simposio de quinientos especialistas que se celebra en Oviedo

09.09.2016 | 03:43
En la bicicleta estática, la psicóloga Julia Basteiro, y de pie, los tres catedráticos de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo: por la izquierda, Paz Portilla, Julio Bobes y Pilar Saiz, ante el "photocall" instalado en el Auditorio con motivo del Día Mundial de Prevención del Suicidio.

La industria farmacéutica busca, por vez primera, fármacos indicados específicamente para evitar suicidios. Los resultados obtenidos hasta la fecha por uno de ellos serán presentados mañana sábado en Oviedo, en el marco del Simposio Europeo sobre el Suicidio y la Conducta Suicida, que desde ayer congrega en el Auditorio Príncipe Felipe a unos 500 expertos provenientes de todo el mundo.

Asturias participa en los ensayos, ya con pacientes, de este medicamento, denominado "esketamina". "Estamos muy esperanzados con la posibilidad de que se demuestre su eficacia, pero no podemos lanzar las campanas al vuelo", subrayó ayer Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo y presidente del comité organizador del evento.

El profesor Bobes explicó que, tradicionalmente, España registraba bajas tasas de suicidios, según los parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, en los últimos lustros las cosas han cambiado, y el país ha pasado a registrar tasas intermedias. Con el añadido de que algunas comunidades autónomas del noroeste, en particular Asturias y Galicia, han sobrepasado esas cifras.

La sustancia que se está sometiendo a prueba en pacientes con depresión grave de los centros de salud de La Corredoria y La Ería es la "esketamina", una modificación de un fármaco ya existente denominado "ketamina". La novedad que aporta la esketamina radica en su capacidad de "cambiar el estado de ánimo del enfermo desde el primer día", indica el doctor Bobes. Los antidepresivos convencionales, en cambio, tardan entre dos y tres semanas en hacer efecto, y ese retardo puede ser mortal y lo es de hecho en aquellos enfermos depresivos graves dispuestos a dañarse a sí mismos.

"En este campo es muy importante ganar tiempo", puntualizó Paz Portilla, catedrática de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, quien agregó que "aproximadamente la mitad de los pacientes con depresión tienen pensamientos suicidas en algún momento, y es precisamente en la fase inicial de la enfermedad cuando mayor es el riesgo".

El congreso que se desarrolla en Oviedo coincide con la celebración, mañana sábado, del Día Mundial de Prevención del Suicidio. Con este motivo, en los pasillos del Auditorio se ha instalado un photocall preparado al efecto bajo el lema: "Conecta, Comunica, Cuida".

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