10 de septiembre de 2016
10.09.2016
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Los traumas infantiles favorecen las conductas suicidas, según los psiquiatras

Oviedo participa en un programa que ha logrado reducir a la mitad el riesgo de que los adolescentes acaben con su vida

10.09.2016 | 03:16
Marco Sarchiapone, a la izquierda, y Philippe Courtet, ayer, en el Auditorio Príncipe Felipe.

No hay libertad en el suicidio. No en la mayoría de los casos. "El suicidio es un problema médico", según Philippe Courtet, profesor de Psiquiatría en la Universidad de Montpellier, en Francia. De hecho, "más del 90 por ciento de los suicidas, en el momento de cometer el suicidio, padece un trastorno psiquiátrico".

Cargar con traumas de la infancia es un factor de riesgo "determinante", ya hayan sido malos tratos físicos o psicológicos, abusos sexuales, abandono o negligencias en su cuidado. El suicidio es especialmente preocupante en el caso de los adolescentes, entre los que constituye la segunda causa de muerte. La impulsividad de esa etapa de la vida lo explica en parte, según los especialistas. "Es algo impactante, porque los adolescentes son el futuro y, sin embargo, tienen hasta veinte veces más riesgo de intentar suicidarse", alerta Marco Sarchiapone, de la Universidad de Molise, en Italia. Courtet y Sarchiapone forman parte del elenco de ponentes del Simposio Europeo sobre el Suicidio y la Conductas Suicidas que se celebra en Oviedo, organizado por el área de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo.

Conducir rápido, tomar drogas, tener sexo sin protección... son conductas que suelen frecuentar los adolescentes vulnerables al suicidio, afirman los psiquiatras. Courtet comenta que hay dos programas a nivel europeo, en los que ha participado la Universidad de Oviedo, con 20.000 adolescentes evaluados. Uno de ellos ha resultado especialmente efectivo. Consistía simplemente en mantener tres reuniones de hora y media con los adolescentes y darles información y charlar sobre el suicidio. En el seguimiento a un año, las conductas suicidas entre el grupo a estudio se redujeron a la mitad. Erradicar el estigma del suicido y acostumbrase a hablar abiertamente de él es importante. Sarchiapone es consultor de Unicef para Kazajistán, un país donde la tasa de suicidios entre los adolescentes es especialmente alta, según cuenta, y es así precisamente por el silencio que impera sobre este problema de salud pública, que impide a los chavales pedir ayuda médica.

Cada 40 segundos una persona se suicida en el mundo. En Europa mueren entre 300 y 400 al día (como si cada día se estrellase un avión con el pasaje lleno). A pesar de que los últimos datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) constatan una reducción de la tasa mundial de suicidios, aún mueren cada año por esa causa cerca de un millón de personas. Y la cifra de los intentos de suicidio es veinte veces superior a la de los suicidios consumados. Esos son los datos que manejan Sarchiapone y Courtet.

El italiano explica que "la idea de suicidio no está en el ser humano al nacer" y que es "el único viviente que conscientemente tiene ese impulso". "Cuando alguien tiene un familiar con tendencias suicidas lo tiene que llevar al médico, no a un filósofo", añade, así que está completamente de acuerdo con Courtet: el suicidio es consecuencia de la enfermedad.

Tratar de forma adecuada la depresión reduce el riesgo de suicidio y la prueba es, según Courtet, que "en los países donde se recetan más antidepresivos la cifra de suicidios ha disminuido notablemente". "Hay que educar a la población", sostiene, para contrarrestar los prejuicios contra los tratamientos médicos. Y a los médicos, añade el profesor francés, porque "la mayoría de los enfermos de depresión no recibe tratamiento, y el problema es que no se les prescriben antidepresivos ni se les da otro tratamiento psicológico en su lugar. No reciben ningún cuidado".

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