15 de octubre de 2016
15.10.2016
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Villena: "Ángel González era bueno, tanto que le molestaba tener maldicientes"

El madrileño evoca las juergas de los poetas de la generación del 50 y los novísimos, que acababan con las "canciones de la mina" del asturiano

15.10.2016 | 04:24
Luis Antonio de Villena posa entre Rodrigo Guijarro y Araceli Iravedra, ayer en la Universidad, antes de su conferencia sobre el poeta ovetense Ángel González.

Elena FERNÁNDEZ-PELLO

En sus "noches iluminadas" Ángel González bebía whisky, cantaba rancheras y cuando se aproximaba la hora de la despedida "canciones de la mina". Luis Antonio de Villena lo conoció así, de "Oliver" a "Bocaccio", y lo acompañó en sus borracheras, de las que se marchaba trastabillando pero manteniendo una conversación coherente. "A mí el alcohol se me sube a los pies", recuerda que decía. De Villena rememoró ayer, en la conferencia que dio para la Cátedra Ángel González, sus farras nocturnas pero también retrató a un hombre bondadoso y cordialísimo, convencidísimo de su militancia de izquierdas y nostálgico. "Ángel era bueno, bueno de verdad, tanto que le molestaba tener maldicientes", afirmó Villena.

A lo largo de su charla, Luis Antonio de Villena fue desgranando curiosidades sobre Ángel González y de otros poetas. González y Jaime Gil de Biedma, contó, eran "magníficos borrachos" a los que no se les notaba que se habían sobrepasado con el alcohol hasta que el primero se venía al suelo y el segundo se ponía "faltón".

De aquellas noches compartidas con Ángel González, Juan Antonio de Villena, cuenta que "uno sabía cuando llegaba el final cuando le salía un acento distinto, que él decía de la mina, y se ponía a cantar canciones, de la mina, con una voz honda y triste. Entonces faltaban 10 minutos para irse a casa".

Los poetas de la generación del cincuenta, a la que pertenece Ángel González, y los novísimos, de la que forma parte Villena, defendían posiciones ideológicas y estéticas enfrentadas. El ovetense Ángel González fue el más beligerante, reconoció Villena, con un poema dedicado a criticar su visión poética. Sin embargo, según el poeta madrileño, eso no impidió que unos y otros compartieran juergas o que los más jóvenes miraran con admiración a personalidades como Biedma.

"Para Ángel González era muy importante ser de izquierdas", señaló Villena, que por debajo de las anécdotas iba desvelando cómo la generación poética de los 50 era arrinconada por los novísimos, que entendían la lucha contra el franquismo de una manera menos doliente, desplazando al régimen haciendo entrar la modernidad y cierta dosis de esnobismo.

Villena habló de los escarceos sentimentales de Ángel González, de la llegada a Madrid de Sirley Mangini, su primera esposa, a la que se refirió llanamente como a una "tía buena", y de las infidelidades del poeta carbayón, al que en alguna ocasión ayudó en los primeros acercamientos y que tenía predilección por chicas mucho más jóvenes que él. "Tenía pasión por las jovencitas", declaró Villena.

Durante el acto en la Cátedra Ángel González, Villena, que desplegó inteligencia y buen humor, tuvo ocasión de comentar el premio Nobel a Bob Dylan. "No es lo mismo ser poeta que ser un juglar, aunque todo tiene su mérito: los pies tienen su mérito, las piernas... si no que se lo digan a un fetichista", comentó.

El acto fue presentado por la directora de la Cátedra Ángel González, Araceli Iravedra, y por Rodrigo Guijarro, de la Universidad Complutense, que lo presentó como "un testigo de excepción de la literatura española de los últimos cincuenta años".

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