25 de noviembre de 2016

La Policía Local detiene con ayuda de los bomberos al tirador de La Corredoria

Los agentes llevan a un examen médico al hombre que disparaba balines desde su ventana a la plaza Emilio Sagi

25.11.2016 | 03:59
La plaza Emilio Sagi, donde un hombre disparaba perdigones a los viandantes desde su ventana.

El hombre que dispara desde su ventana perdigones de plomo a los viandantes en la plaza Emilio Sagi, en La Corredoria, se sometió ayer un examen médico-forense y pasó a disposición judicial después de que la Policía Local le detuviese en su casa a primera hora de la mañana con ayuda de los Bomberos de Oviedo.

Los agentes cumplieron así un requerimiento de los Juzgados después de que el tirador fuese citado a juicio en dos ocasiones y nunca compareciese. Sin embargo, lo que parecía un operativo sencillo se complicó por la resistencia del protagonista, que se negó a abrirles la puerta. La policía, a eso de las 9.40 horas, llamó a los compañeros del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) para tener refuerzos y cambiar de estrategia. Los bomberos se plantearon entonces entrar por la ventana, pero el tirador decidió entregarse.

El arrestado alcanzó al menos a tres personas con sus disparos en los últimos meses y provocó numerosos daños materiales en el entono, incluidos vehículos. Uno de los afectados, Enrique Miranda, relató a LA NUEVA ESPAÑA, lo que le sucedió en mitad de la plaza Emilio Sagi: "Oí un disparo y sentí una punzada muy fuerte en el hombro. Me toqué instintivamente con la mano y pensé: 'La madre que me parió, este me ha dado". En realidad este vecino de La Corredoria recibió dos tiros (el segundo minutos después del primero) y su parte médico refleja que "presenta dos lesiones en la parte posterior derecha y parte posterior izquierda de la espalda, debajo de la última costilla".

Los vecinos aseguran que el tirador, "un hombre de treinta y tantos" que vive en un quinto piso de la plaza Emilio Sagi, ha provocado un rosario de dolores de cabeza a los residentes de su edificio; desde poner música a todo volumen a altas horas de la madrugada, hasta dar balonazos en las paredes de su casa, pasando por sellar con silicona las cerraduras del inmueble.

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