"Sólo fallaron las uvas y la tarta de frixuelos"

Los responsables de la parrilla de El Escamplero acusados de dejar sin cena a buena parte de los 340 clientes de Nochevieja se defienden: "Cumplimos en casi todo; quizás hubo un sabotaje"

04.01.2017 | 09:29

"De las 340 paletillas quedan los huesos. Si nosotros hubiéramos comido 340 paletillas estaríamos en el cementerio, pero aquí están los huesos de las 340 paletillas. Y las botellas de vino, abiertas y sin empezar, encima de cada mesa. Hay botellas de Albariño, benjamines sin abrir...". Los responsables de la parrilla El Olivo, ubicada en El Escamplero (Las Regueras), salieron ayer en defensa propia, rechazando de plano que pueda hablarse de "estafa" en la cena de Nochevieja que sirvieron a 340 clientes al precio de 35 euros para mayores y 18 euros para niños. Ante el escándalo que se armó en el establecimiento, terminó interviniendo la Guardia Civil.

Los propietarios del negocio replicaron ayer con vehemencia. En declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA, se defendieron de palabra y de obra, mostrando los restos de un menú que, según algunos clientes, fue tan insuficiente que incluso les obligó a terminar la velada en una hamburguesería de Lugones abierta las 24 horas porque sólo tomaron sopa. "Hay que ser serios con las palabras. Estafa no ha habido en ningún momento. Por 35 euros hemos dado un cóctel de bienvenida, sopa de marisco, lenguado relleno de marisco, paletilla de lechal con patatas rellenas de setas... Es verdad que la tarta de frixuelos fue un desastre. Cumplimos en todo momento con el menú, excepto con la tarta de frixuelos y las uvas. Las uvas no llegaron, no sabemos por qué, pero tenemos la factura. En todo lo demás cumplimos perfectamente. Y los dulces navideños aún están en la cocina. ¿Es una estafa dar todo esto por 35 euros?".

Los actuales gestores de la parrilla reguerana aseguran que no van a quedarse de brazos cruzados frente a lo que consideran ataques injustificados que "están arruinando un negocio y a una familia". En esta línea, apuntan, "vamos a iniciar medidas legales contra mucha gente. Quizá haya habido un sabotaje". Profundizando un poco más, señalan: "Hubo alguna persona que estuvo calentando el ambiente en las mesas diciendo a la gente que se marcharan a otro sitio a comer las uvas; gente que estuvo consumiendo alcohol y luego se negó a pagar la consumición; gente que no quiso pagar la cena y se marchó; un agente de los cuerpos y fuerzas de seguridad que estaba entre los comensales y que incurrió en abuso de poder...".

Según la versión aportada por algunos clientes, 140 personas se quedaron sin uvas para celebrar la llegada de 2017; otras se quedaron a medias; en la cocina había una tangana; la orquesta tocó para amenizar la velada y los camareros empezaron a recaudar dinero para pagarse el sueldo...

Los responsables de El Olivo insisten en que se conozca con detalle su versión del suceso más llamativo de la Nochevieja asturiana: "Mucha gente ha pagado y otra gente no ha pagado ni un céntimo. Tenemos la factura de las paletillas, de los lenguados, de todo lo que se compró. Miren a ver si en muchos restaurantes que cobraron mucho más gastaron lo que gastamos nosotros", enfatizan. Acto seguido, denuncian la conducta de determinados clientes. Al hijo de la mujer del dueño, un joven de 23 años, "le pegaron por pedir disculpas". Y después, "con tanta tensión, tuvo un accidente con el coche, con siniestro total, y no se mató de puro milagro. Lo primero es ser personas", defienden. "No somos Urdangarín y la Infanta Cristina: no hemos estafado a nadie", argumentan.

De otra parte, salen en defensa de un amigo de la pareja a quien inicialmente se acusó de llevarse dinero de la caja en medio del barullo. "Quien le haya visto coger dinero que dé la cara y que lo diga. Ni siquiera es socio, es un amigo nuestro que sabe de hostelería y que vino a echarnos una mano sin nada a cambio. El dinero no está en la caja, no sabemos quién se lo llevó, pero no fue él. Hay que lavar la imagen de este señor".

Frente a quienes sostienen que la oferta de la cena era un imposible en sí misma, aseveran: "No queríamos hacernos ricos". Y se explican: "Por 35 euros puedes dar este menú perfectamente. Otra cosa es que ganes más o menos, pero no queríamos ganar dinero, sino dar publicidad al local". Y luego están las repercusiones sobre la salud de los gestores de la parrilla: "Estamos con una crisis de ansiedad. Mañana (por hoy) iremos al médico, y a ver quién se hace responsable de esto. Estamos destrozados. Lo que nos preguntamos es cómo hay gente que se presta a arruinar de esta manera a una familia".

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