12 de septiembre de 2017
12.09.2017

Tomás García: "Gracia Noriega era un filósofo mundano, excepcional y epicúreo"

El profesor intervino junto al investigador Rubén Franco en un homenaje por el aniversario de la muerte del escritor, que fue "un tipo de primera"

12.09.2017 | 03:48
De izquierda a derecha, Tomás García López y Rubén Franco, ayer, en el homenaje a Gracia Noriega.

Tomás García López es secretario de la Asociación Nódulo Materialista y conoció a Ignacio Gracia Noriega en la Universidad de Oviedo, en el año 1965, cuando ambos eran estudiantes. Con el tiempo fueron más que compañeros: se convirtieron en amigos. Ayer, en el Club Prensa Asturiana, en el homenaje al escritor en el primer aniversario de su fallecimiento, Tomás García lo definió como "un filósofo mundano, excepcional y epicúreo" y dio idea de su dimensión intelectual repasando su producción literaria y los trabajos periodísticos que publicó durante años en las páginas de LA NUEVA ESPAÑA. "Gracia Noriega es un tipo de primera", concluyó, hablando de él en presente durante toda su intervención.

Tomás García se refirió a su militancia política de izquierdas, a su afiliación al materialismo filosófico y sobre la lealtad y veneración que Gracia Noriega sentía por Gustavo Bueno, que fue su maestro y amigo. Gracia Noriega contaba que "si había encerronas en la Universidad, Gustavo Bueno no abandonaba nunca porque su presencia era una garantía para los estudiantes" y que en la manifestación por Oviedo contra la guerra de Vietnam fue el único catedrático importante que participó, y su discurso fue suspendido cuando cargó la Policía.

Tomás García aludió a un artículo que Gracia Noriega publicó en el año 2004, "Gustavo Bueno, peor que conservador", en respuesta a los detractores del filósofo, un artículo en el que defendía su lucidez e independencia.

La cultura de Gracia Noriega era vastísima, según Tomás García. "Él habla de todo lo divino y lo humano, y de manera excepcional", dijo.

Explicó también que a su definición como filósofo mundano excepcional, en la que coincidía con Gustavo Bueno, él le había añadido lo de epicúreo "porque ejercitó la filosofía desde la gastronomía" y el buen vivir.

La última parte de la intervención de Tomás García estuvo dedicada al libro "Pelayo" que, en su opinión, es más que una novela o una obra literaria y está repleta de historia y filosofía.

Rubén Franco González se ocupó de la última parte del acto en memoria de Gracia Noriega, que se desarrolló con la sala de actos repleta de gente. Doctor en Filosofía, gestionó la página web de Ignacio Gracia Noriega durante cinco años, desde 2011 hasta su muerte y ayer empezó la glosa del escritor haciendo balance de su obra, con 33 libros publicados en vida como autor individual e innumerables trabajos en prensa.

Luego, al hablar de Gracia Noriega destacó que era una persona de talento y con un genio que ya reconocían sus compañeros del colegio, como Antonio Masip, el exalcalde de Oviedo, y que ayer se sentó entre el público. El trabajo constante y la dispersión eran otra de sus características, según Rubén Franco, y junto a ellas la rapidez para ejecutar sus obras. El resultado de esa combinación resultó brillante, a juicio del investigador.

Rubén Franco se acercó a la personalidad de Gracia Noriega desde aspectos muy diversos. Mencionó al economista Juan Velarde, de quien dijo que contaba que comentando con Gracia Noriega la película "Tener o no tener" sintió que "tenía a Chesterton a su lado". Se refirió a su peculiar religiosidad, y a cómo declarándose ateo era defensor de la moral cristiana y contrario a la alianza de civilizaciones. "Extraordinario narrador", "polemista", "prosa espléndida", "viajero no al uso" o "cronista de la transición" son calificativos que, según el doctor en Filosofía, son aplicables a Gracia Noriega.

Para acabar de componer el personaje añadió datos sobre su afición a los toros, el boxeo y los puros, su pasión por la cocina y la buena comida y sobre las dos películas que había rodado y que se habían perdido, un western en Llanes y una policíaca en Oviedo. No en vano, dijo, Juan Cueto Alas, uno de los intelectuales más influyentes de la transición, lo consideraba "el personaje más literario que han dado las Asturias en los últimos años".

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