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El Oviedín de Gorri

Gorriarán, que contribuyó con un gran cabezazo al triunfo por 2-0 frente al Barça de Cruyff en 1989, identifica su etapa en el Oviedo con la felicidad

27.04.2016 | 03:59

Se identificó tanto con Oviedo y con el Real Oviedo, que la afición del Sporting lo puso en la diana en los derbies asturianos de finales de los 80 y principios de los 90. Vistió nueve temporadas de azul, pero su apego llega hasta estos días, en que no perdona al menos su visita anual a Covadonga. Fueron nueve años tan intensos que a "Gorri" le cuesta elegir un momento. Prefiere hablar de una etapa de felicidad futbolística que se respiraba en el ambiente, sobre todo desde el ascenso en 1988. Puesto a escoger, se decanta por una noche de septiembre de 1989, en plenas fiestas de San Mateo, que el Oviedo revolucionó con una victoria frente al Barcelona de Cruyff, con golazo de cabeza del central vasco, que ya entonces entendía lo que era el Oviedíny lo consideraba suyo.

Antonio Gorriarán Laza (Muskiz, Vizcaya, 5 de noviembre de 1961) llegó al Oviedo en el anonimato y se marchó como un referente de la afición. Fue una evolución acorde con la situación del club, que en 1986 se libró del descenso por una reestructuración y en 1995 parecía asentando en Primera División. En apenas un par de temporadas, Gorriarán convenció a los que no veían la necesidad de traer del Sestao a un central de 24 años. Lo jugó casi todo en Segunda, incluyendo la recordada promoción frente al Mallorca de 1988, y también fue fundamental en Primera.

"Cuando fiché por el Oviedo también tenía una oferta del Celta. Está claro que acerté", explica Gorriarán, que identifica aquella etapa con la felicidad deportiva y personal: "Fueron siete años en Primera sin pasar ningún peligro. Salvo la primera temporada, que nos costó un poco, fue coser y cantar. Aquello era salud. Cuando jugaba, jugaba el Real Oviedo. Cuando no jugaba era el Oviedín, nuestro Oviedín, algo que había que proteger. Era un equipo hecho y un club económicamente estable".

Aunque el ascenso y su debut en Primera llegaron con Vicente Miera en el banquillo, Gorri tiene un recuerdo especial para Javier Irureta: "Hizo un señor equipo, al que se le respetaba en todos los sitios. Jabo era un entrenador como la copa de un pino. Cero problemas, cero líos. Era respetuoso, culto, preparado. Y armaba el equipo desde la defensa, que es como yo creo que se debe de hacer. No fue casualidad que estuviésemos año y medio sin perder en casa".

Por eso no fue resultó extraño que el Barcelona, en el inicio de la temporada 1989-90, mordiese el polvo en el Tartiere. "Pronto se vio que ese partido se ganaba. Irureta, que sabía hacer las cosas, me pidió que me pegase a Laudrup, que era el jugador que provocaba las ocasiones de gol. El marcaje al hombre se me daba bien y tenía que procurar que no recibiese el balón en buenas condiciones". Ademas de anular al Barça, con este y otros marcajes individuales, el Oviedo llegó con peligro a la puerta de Zubizarreta y Sarriugarte logró el 1-0 al aprovechar el rechace de un penalti lanzado por Carlos.

Antes del descanso, el Oviedo consiguió el segundo gol gracias a un rotundo cabezazo de Gorriarán en un córner. "Lo lanzó Viñals, que era un gran pateador", destaca el exdefensa, satisfecho por su contribución a una victoria tan significativa. "Ese gol lo pusieron como ejemplo en el curso de entrenadores. Por el salto y el giro de cabeza para darle fuerza y colocación. No sé si fue el mejor porque también marqué uno parecido frente al Madrid, a Buyo".

Gorriarán nota el cariño de la gente cada vez que aparece por Oviedo, pero advierte que el agradecido es él: "Quiero a Asturias y al Oviedo porque siendo un futbolista vulgar me dio la oportunidad de jugar en Primera. Conseguí algo que muchos sueñan y pocos pueden lograr. Llegar aquí y ascender, jugar la UEFA, que te recuerden por un gol como el del Barça, o por el marcaje a Futre. Una maravilla".

Y todo sin grandes figuras. "Teníamos unos mimbres muy modestos, no éramos un superequipo. Eso sí, físicamente muy duro, bien preparados por Javier Ordax, y psicológicamente muy fuertes. Teníamos disciplina, ganas, ilusión". También algún futbolista por encima de la media, entre los que Gorriarán destaca a un rival por el puesto: "Nikola Jerkan era un defensa especial, un jugador como la copa de un pino. Podría haber jugado tranquilamente en el Madrid. Niko era rapidísimo, elegante, tácticamente muy listo. Uno de los mejores defensas que he conocido".

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