20 de noviembre de 2016

Otro recital del Tartiere

La afición azul atiende a la llamada de Hierro y lleva en volandas al equipo en una tarde de entusiasmo, con ovaciones especiales a Pereira y a Michu

20.11.2016 | 05:44

Iyán Monjardín tiene nueve años, una bolsa de chucherías en la mano, la bufanda del Oviedo al cuello, a Toché como ídolo y una muy buena memoria.

-Papá, también fuimos a Somozas, a Astorga, a Bilbao? No te olvides.

Iyán nació en Tercera y aquel 2007, cuando conoció el mundo y empezó a sentir el oviedismo que le transmitían sus padres, Ramón y Susana -30 años de socios- le queda muy lejos. A Iyán le contaron mil historias del Oviedo en Primera y a él, como a tantos otros niños de su edad, le parece muy bien, excelente, pero lo que realmente quiere es verlo, ver cosas como la de ayer: un triunfo de Primera en un estadio de Primera. Un equipo ganando con solvencia al que, de momento, por puntos, por puesto en la clasificación, es el favorito para subir.

Él, como sus padres, como los 14.361 espectadores acudieron a la llamada de Hierro, volvieron a rugir desde la grada, a cantar, a sentir que la unión hace la fuerza. Nadie recordó nada de Huesca en un Tartiere preparado, entregado a un equipo que se marcó, con diferencia, su mejor partido de la temporada.

"Vamos a ganar, eso lo tengo claro. Ni miedo ni nada", aseguraba antes del partido Rosi Menéndez, recién llegada de Avilés. Rosi no iba de farol. Tampoco José Manuel Prieto, que prefirió dar un análisis con algo más de perspectiva: "Estamos en el buen camino. Desde que cogió el equipo Carso es otra cosa. Le dio futuro. Es un cambio radical", señalaba mientras sostenía una almohadilla. A su lado, María José Díaz recordaba que ella es de Gijón pero que cada quince días va al Tartiere a "animar al Oviedo" y, de paso, a acompañar al pequeño Pepo Santos, dos años de socio. Un oviedista más de la generación Carso.

Hierro había pedido en la previa al Tartiere que volviera a tender la mano al equipo, que fuera como fue en la segunda parte de Lugo. Y el Tartiere respondió, ovación tras ovación. A Pereira. A Michu. Al equipo al final. No hubo ni rastro del temido runrún y sí mucho cántico y mucha pasión en una tarde fresca de incómodo orbayu.

En el fondo, allá donde no se negocia ninguna concesión a la garganta, estaban de aniversario, 22 años de Symmachiarii, un cántico tras otro durante todo el partido, como siempre ha hecho un grupo que dio colorido al inicio con su tifo. Ayer, entre ellos, había tres aficionados llegados directamente desde Austria, seguidores del Rapid de Viena.

Fue seguramente el partido donde más motivos hubo para la comunión. El equipo realizó su partido más completo y dio motivos suficientes para lo que recibió: una dosis de fuerza y apoyo sin descanso. Al final, reunidos los futbolistas en una piña en el centro del campo, volvió a sonar fuerte un tema que mezcla dos frases claves: "Es una fuerte pasión, esta hinchada está loca, loca por verte ganar". Ayer se volvió a demostrar.

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