Con el rumbo equivocado

La crisis de identidad, la pérdida de solidez y la falta de estabilidad en el once, claves en el mal momento del Oviedo

11.01.2017 | 04:12

Huesca, Alcorcón y Sevilla, tres capítulos de una pesadilla, presentan muchos rasgos en común y alguna diferencia, con el sentir coincidente en los tres casos de que el Oviedo no está bien. Que algo no funciona. El partido tonto de la temporada ya se ha repetido en tres ocasiones y no parece que sea casual. El equipo de Hierro, que llegó a descansar una semana en puestos de ascenso directo, ha perdido las señas de identidad que afloraron tras la victoria de Cádiz. Los defectos vistos en el inicio de competición han renacido junto a nuevos vicios que han convertido al Oviedo del último mes y medio de competición en un equipo sin rumbo. Una crisis que se explica desde varias vertientes.

Crisis de identidad. Al Oviedo se la ha estropeado el GPS, desconoce a dónde quiere llegar. Y esa, la de la identidad, es la cuestión que más debe preocupar ahora mismo al cuerpo técnico. Los resultados de las últimas salidas son dolorosos pero aún más lo es la sensación de equipo a la deriva. El Oviedo entró en la competición con dudas que parecieron solventadas tras el descubrimiento del Carranza. Allí Hierro encontró la piedra filosofal: un sistema reforzado en el centro del campo preparado para esperar y dañar con espacios. Y ahí creció el equipo, apoyado, como todo equipo en racha, en momento puntuales de fortuna. El Oviedo sabía a lo que atenerse: un equipo rocoso, duro, incómodo para el rival. Incluso en los momentos de lucidez Hierro subrayó la necesidad de mejora y señaló al problema mental. Intuía el técnico que al equipo le costaba soltarse. Y ese problema mental, de personalidad o alma es el que más daño le hace ahora al equipo. Huesca, ese 4-0, supone un punto de inflexión en la trayectoria del equipo. La antítesis de Cádiz. Los azules fueron golpeados en la autoestima y, aunque reaccionaron en casa, convirtieron las salidas en un problema mayor. La identidad del equipo había desaparecido por completo.

La eterna búsqueda de un once. A Hierro hay que reconocerle algunos méritos desde su entrada en el club, la mayoría ligados a la mejoría en el funcionamiento del día a día, a la profesionalización que ha impulsado, pero la del rendimiento deportivo es la clave por la que se evaluará su trabajo. Una de sus asignaturas pendientes es encontrar un once reconocible, un equipo tipo sobre el que edificar su propuesta. Evidentemente, todo equipo tipo está abierto a matices, a cambios puntuales pero en estos momentos de la competición, el Oviedo está sometido a cambios constantes en la elección de los nombres. El entrenador ha intentado inculcar a sus hombres una riqueza táctica que permita alternar entre diferentes sistemas pero queda la sensación de que los futbolistas no terminan de procesar toda la información.

Falta de solidez. La estadística de goles en contra es el mejor ejemplo del cambio radical que ha sufrido el Oviedo. Cuando Hierro dio con la tecla, el área de Juan Carlos parecía infranqueable. El equipo fue dominado en muchas ocasiones pero aceptaba con satisfacción su rol secundario. Como si todo formara parte de un plan. Esa confianza defensiva ha desparecido por completo. Ahora, el equipo tiembla en su área. Hay un dato que es revelador. El Oviedo avanzó a zancadas como equipo menos goleado. Ahora, con 19 goles en contra fuera de casa, es el equipo que más tantos recibe a domicilio. La pérdida de solidez es una carga demasiado pesada.

La presión no es excusa. La del Tartiere es un pretexto utilizado de forma insistente en los últimos años. Un campo que se come a algunos futbolistas. Hierro intuía algo extraño al inicio y no dudó en mostrar sus miedos ante la prensa. Pidió un estadio más amable con los suyos. Pero esa supuesta presión excesiva del Tartiere no sirve para explicar lo sucedido en las últimas salidas. Ahora, el equipo solo encuentra ayuda en su propio campo. Las visitas a Huesca, Alcorcón y Sevilla han dejado el supuesto problema con el Tartiere enterrado.

El mercado, solución de urgencia. La dirección deportiva sondea ahora el mercado con la intención de subsanar los errores cometidos. Esta búsqueda incesante deja al aire en primer lugar los defectos de la planificación el pasado verano. La plantilla tiene posiciones descompensadas y es demasiado numerosa. Muchos jugadores desaprovechados. Ahora, se tratará de arreglarlo pero el mercado de invierno no suele ponerlo sencillo. Si el acierto es alto a la hora de fichar, el equipo puede dar un salto de calidad pero aún quedarán en el aire las cuestiones relativas al juego. La llegada de tres o cuatro futbolistas puede ayudar pero no resolverá todos los problemas.

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