15 de abril de 2018
15.04.2018

Una amenaza de Primera

Álvaro Vázquez, hermano de un concursante de OT, busca en el Nàstic volver a ser el ariete que ganó la Eurocopa sub-21

15.04.2018 | 03:55
Álvaro Vázquez celebra el tercer gol de España contra Holanda, en el Europeo sub-21 de 2013 .

Álvaro Vázquez, referencia del Nàstic esta tarde en el Tartiere, es muy activo en las redes sociales. No siempre por razones futbolísticas. En los últimos meses, le ha tocado hacer de manager, de representante de un proyecto de artista. El ariete ha seguido una intensa campaña de apoyo a Raoul, concursante de la última edición de Operación Triunfo. ¿La razón? Es su hermano pequeño. La carrera de Raoul trata de iniciarse en el enredado mundo de la música mientras su hermano mayor busca un renacimiento futbolístico en el Nàstic de Tarragona. El delantero, con amplia experiencia en Primera, en la Premier y en las categorías inferiores de la selección, es la amenaza de hoy para el Oviedo.

Vázquez aterrizó el pasado mercado de invierno en Tarragona en busca de los minutos que no había tenido en el Espanyol. A sus 26 años, el descenso a Segunda sólo se entiende por la necesidad de recuperar sensaciones. La carrera de Vázquez se ha desarrollado a ritmo frenético desde que en septiembre de 2010 debutara en el Bernabéu. Muchos se empeñaron en atribuirle el rol de sucesor de Raúl Tamudo, palabras mayores en el espanyolismo.

Su condición de internacional en las categorías inferiores hizo crecer las expectativas. Dos campeonatos en especial nutren su currículum. En primer lugar, el Mundial sub-20 de 2011 en Colombia. España cayó en cuartos, pero Vázquez, con 5 goles, se llevó la Bota de Plata. Su otro éxito fue el del colectivo: la Eurocopa sub-21 de 2013. No tuvo un papel principal, pero el equipo fue campeón. Jugaban en aquel combinado futbolistas de la talla de De Gea, Koke, Thiago o Isco.

Después, el camino se complicó. No triunfó en la Premier, en el Swansea, y cogió aire en el Getafe. Pero el regreso al Espanyol le ha mantenido en un segundo plano. De ahí la necesidad de reinventarse en Tarragona. Y las cosas no le van mal: 652 minutos, cuatro goles y una asistencia. Hoy, en un escenario de altura, es el mayor peligro para los hombres de Anquela.

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