Langreo,
Miguel Á. GUTIÉRREZ
Un profundo corte de unos 20 centímetros de longitud recorre el muslo izquierdo de Francisco Rodríguez. Pese al dolor, la sonrisa no desaparece del rostro de este cazador de Valdesoto. No es para menos. La herida en la pierna es la única huella de la furiosa embestida de un jabalí de 150 kilos que el pasado fin de semana le atacó en el monte de Grandoba, en Siero, mientras participaba en una cacería. El animal, herido tras haber recibido un disparo, acabó con la vida de uno de los perros de la cuadrilla e hirió de gravedad a otros cuatro. «Fue una buena cuchillada, pero tuve bastante suerte. Si me engancha bien, me mata», explicaba ayer Rodríguez en su habitación del Hospital Valle del Nalón.
El suceso tuvo lugar en la tarde del pasado sábado. El cazador sierense, un ex minero de 46 años de edad, participaba en una cacería con la cuadrilla de «Mollía» en el monte de Grandoba, entre Valdesoto y Carbayín, cuando se produjo el ataque. El grupo estaba formado por 4 monteros, entre los que se encontraba Rodríguez, y 13 cazadores. «Perseguimos al jabalí con los perros hasta uno de los puestos. Un cazador le alcanzó y el animal escapó hacia el monte para refugiarse», relata Rodríguez.
La persecución se prolongó más de lo esperado: «Seguí el rastro con los perros unos cinco kilómetros, hasta que acorralamos al jabalí en unos matorrales, esperando a que un cazador lo rematara de un disparo». En ese momento, los acontecimientos se precipitaron. El ejemplar herido, sintiéndose acosado, embistió con violencia al montero de Valdesoto, clavándole uno de sus colmillos, de unos diez centímetros de longitud, en la cara interior del muslo izquierdo.
«Cuando lo vi venir enfrente de mí no me dio tiempo a pensar en nada. Sólo en darle patadas y golpes para quitármelo de encima», apunta Rodríguez. Por fortuna para él, los perros de la cuadrilla se interpusieron en el camino del jabalí. «Si no llega a ser por los perros y porque no me cogió bien, allí me ventila. También me alcanzó la otra pierna, pero no llegó a herirme; sólo destrozó la pernera del pantalón», recuerda el cazador sierense, que añade: «Unos minutos antes casi había estado de tertulia con el jabalí. Sin embargo, después salió disparado del matorral, se dio la vuelta y me enfiló a mí como podía haberlo hecho con otro compañero; son cosas que pasan».
Rodríguez hace un alto en el relato para atender una de las numerosas llamadas recibidas estos días en el hospital de familiares y amigos que se interesaban por su estado. «No pasa nada, tranquilos; fue una buena puñalada, pero estoy bien. Hay que arrimarse bien, como los buenos toreros», precisaba ayer el cazador, a través del teléfono, sin perder el buen humor, mientras se palpaba el vendaje que le recubría el muslo.
Como consecuencia de la herida, el montero sierense sufrió un profundo corte en la pierna y diversos desgarros, aunque la embestida no afectó a ningún tendón. Antes de ser trasladado hasta el Hospital Valle del Nalón para ser atendido de sus lesiones, Rodríguez aún tuvo que caminar un kilómetro, apoyado en sus compañeros, hasta la casa de uno de ellos, donde recibió las primeras curas de urgencia. «No quedaba otra, porque estábamos en medio del monte», detalla.
Este vecino de Valdesoto reconoce que el jabalí que le desgarró la pierna es uno de los ejemplares más agresivos y grandes que ha visto en su dilatada trayectoria como cazador. Rodríguez, que espera recibir el alta a lo largo de esta semana, tiene la promesa de sus compañeros de cuadrilla de que, en cuanto sea posible, le mostrarán los colmillos del animal que le causó tantos disgustos. «Sólo para verlos» -apostilla-, «porque la pieza es para el que se la cobra».
También confiesa que no dudó ni un momento de que el resto de la cuadrilla abatiría al jabalí. «Más les vale. Si no le llegan a rematar rápido, me los cargo yo a ellos», asegura con humor este montero de Siero que, pese al susto, no reniega de su pasión por la caza. «Son gajes del oficio. En dos semanas volveré a estar en el monte», concluye.