Madrid
La cepa E41 de la bacteria probiótica «Lactobacillus rhamnosus», empleada como conservante natural en productos lácteos, entre ellos el queso de Cabrales, tiene una mutación cromosómica que la hace resistente a una amplia variedad de antibióticos, según una investigación de 14 grupos de siete países europeos.
En el hallazgo han participado los investigadores Baltasar Mayo, Clara de los Reyes-Gavilán y Abelardo Margolles, del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (CSIC), que han obtenido además la patente de la cepa E41 de la «Lactobacillus rhamnosus», según informó ayer el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
También han identificado dos cepas de «Lactococcus lactis» y una cepa de «Lactobacillus sakei», las cuales confieren resistencia a la tetraciclina, antibiótico que se emplea normalmente para frenar infecciones de varios tipos.
En el marco del proyecto, denominado «ACE-ART» y llevado a cabo por 14 grupos de investigación de siete países europeos, se han analizado 250 bacterias de ácido láctico procedentes de quesos tradicionales y 250 provenientes del intestino de personas sanas, con la finalidad de identificar las bacterias lácticas que pueden ser perjudiciales.
Sustituir los fermentos
Los resultados del proyecto apuntan a que las bacterias lácticas que desarrollan resistencia a los antibióticos no deben ser empleadas en la elaboración de fermentos iniciadores y probióticos, utilizados por la industria alimentaria.
Las bacterias lácticas pueden entrar en contacto con microorganismos patógenos y es posible que les contagien la resistencia frente a los antibióticos.
En el caso de que esto ocurra, los antibióticos no podrían actuar sobre las bacterias patógenas y sería imposible tratar la afección provocada por dichos agentes.
Los científicos que han participado en el proyecto comunitario, entre ellos el equipo asturiano, aconsejan que las bacterias que presenten resistencia adquirida no se utilicen en la producción de alimentos.