Cada domingo los lectores recibirán, gratis, sólo con comprar el periódico del día, las entregas del coleccionable verdaderamente imprescindible para conocer los yacimientos prehistóricos, que han convertido a Asturias en un punto de referencia mundial.
Oviedo
LA NUEVA ESPAÑA entregará este próximo domingo, gratis con el periódico, el decimotercer fascículo de «La Prehistoria en Asturias, un legado único en el mundo», una excepcional iniciativa cultural del periódico.
Cada domingo los lectores reciben gratis, sólo con comprar el periódico del día, las entregas de un coleccionable verdaderamente imprescindible para conocer los yacimientos prehistóricos que han hecho de Asturias un punto de referencia mundial.
El fascículo está dedicado a la cueva de Tito Bustillo, localizada en el macizo riosellano de Ardines, en una colina caliza situada en la orilla izquierda del estuario del río Sella. El complejo ha sido interiormente excavado por el río San Miguel, responsable de la formación de las cuatro cavidades existentes en su interior: Tito Bustillo, La Lloseta, La Cuevona y El Tenis. En la actualidad, dicho río es un pequeño curso de agua que se infiltra en la montaña, en un sumidero conocido como La Gorgocera, circula después a lo largo del nivel inferior de la cueva de Tito Bustillo, en sentido contrario a la visita, y desemboca en la ría del Sella, justo en la zona en la que se encuentra la entrada artificial de la cavidad.
Tito Bustillo es una larga galería de unos 700 metros de desarrollo longitudinal cuya entrada actual se localiza en el extremo opuesto a la entrada prehistórica. El acceso utilizado en tiempo paleolítico quedó completamente cegado por un monumental derrumbe, el cual selló la cavidad durante milenios y, consecuentemente, favoreció la preservación de su importantísimo repertorio artístico. Actualmente existe una pequeña puerta reabierta tras el descubrimiento en la zona de acceso original. La visita a la cueva se realiza a través de un túnel excavado artificialmente en los años inmediatos a su descubrimiento. Se trata de un pasadizo de 165 metros, dividido en distintos sectores separados por sucesivas puertas, que desemboca en el extremo oriental de la galería principal, bautizada por Magín Berenguer como «Galería Larga». Berenguer fue un gran estudioso de la cueva. Publicó en 1969 el libro titulado «La pintura prehistórica de la caverna Tito Bustillo en Ribadesella», editado por la Real Academia de la Historia.
La visita se realiza a lo largo de esta galería en cómodo recorrido hacia el Oeste, trayecto también fuertemente acondicionado en su día para facilitar el acceso turístico. Tras recorrer unos 540 metros se alcanza una sala de enormes dimensiones en la que confluyen dos galerías más: a la derecha, la que da acceso a la entrada original de la cavidad, en Ardines, y, a la izquierda, un corredor que conduce hacia la sala en la que se encuentra el panel principal de las pinturas.
Antes de llegar a ésta, se abre a la derecha un profundo corte que comunica verticalmente con el nivel por el que discurre actualmente el río San Miguel.
El descubrimiento de la cueva de Tito Bustillo, en el mes de abril de 1968, es un acontecimiento relativamente reciente, teniendo en cuenta que el año 1908 es el punto de partida en el descubrimiento del arte rupestre asturiano.