Arangas (Cabrales),
Rebeca AJA
No cabe duda de que el queso de Cabrales es un subproducto del origen de la agricultura en la zona. Los investigadores tienen documentada la evolución de los grupos humanos al otro lado del Cuera, en el macizo cabraliego de Arangas, donde la primera ocupación humana se remonta al período solutrense, hacia el 20.000 antes de Cristo. Un sistema de galerías con tres «bocas» -Los Canes, Arangas y Tíu Llines- sirve de abrigo a sus moradores y abre, milenios más tarde, un amplio horizonte de información sobre quiénes, dónde y cómo vivían. A los grupos de cazadores que llegaron por primera vez a Arangas para vivir de la caza y la recolección de frutos silvestres les suceden, a partir del 4.500 antes de Cristo, los primeros agricultores y ganaderos. Hacia el 4.900 se data la evidencia más antigua de la existencia de la agricultura y ganadería en Cabrales. Actualmente se están analizando muestras de huesos de vaca y oveja procedentes de la cueva de Arangas, dos de los animales domésticos productores de leche que introduce el primer campesino cabraliego.
Los científicos trabajan en el análisis del conjunto de cerámicas halladas durante la campaña principal de excavación en la cueva de Arangas, concluida en 1998. La hipótesis de la investigación se fundamenta en la posibilidad de que estas vasijas se emplearan para la elaboración de algún derivado lácteo, tesis que, de confirmarse, podría suponer la primera evidencia del origen de la tradición quesera en el concejo de Cabrales.
Y es que las investigaciones y exploraciones iniciadas hace 25 años en el macizo de Arangas siguen aportando datos testimoniales sobre la evolución de los grupos asentados durante milenios y el proceso histórico de transición a una economía de producción con la domesticación de animales y el cultivo de la tierra. Si la cueva de Arangas ha aportado testimonios sobre la actividad de esos grupos mediante el hallazgo de los utensilios empleados en su quehacer diario, la cueva de Los Canes ha sacado a la luz a sus protagonistas.
Los Canes, descubierta en 1981, es habitada permanentemente durante 15.000 años. Se sabe que sus primeros inquilinos lo hicieron en un período glacial de máximo frío, unas condiciones de temperatura muy por debajo de la media actual, entre 7 y 8 grados menos. En verano la media alcanzaba los 10 o 12 grados, mientras que en invierno rondaban temperaturas similares a las actuales de países como Finlandia o Canadá.
El «hombre de Arangas» era, anatómicamente, similar al hombre contemporáneo, pero con culturas y modos de vida distintos. Cazaba mucho, pescaba poco y era recolector. Fabricaba sus instrumentos con hueso y piedra y suplía la mala calidad del sílex local con el abastecimiento de materiales de calidad superior traídos de yacimientos ubicados en Panes (Peñamellera Baja), a cuarenta kilómetros de distancia.
Este tipo de sílex lo reservaba para fabricar objetos de mejor calidad. Empleaba distintos tipos de piedra, entre los que cabe mencionar el sílex gris, extraído de la sierra del Cuera, en Asiegu, y entre Arangas y Arenas de Cabrales; el sílex negro, y el de roca rojiza, de la zona.
La base de su alimentación era la carne. Sobre todo, la procedente de dos animales: la cabra montés y el rebeco. Las dos terceras partes de los alimentos que ingerían procedían de estos dos mamíferos. El resto procedía de la recolección de frutos silvestres y de la pesca, fundamentalmente trucha. De su actividad pesquera, uno de los instrumentos más importantes encontrados es un arpón datado en el 13.380 antes de Cristo. Frente a la dieta casi exclusivamente terrestre en la zona interior del Cuera está la dieta marina de los grupos asentados en la costa llanisca (Poza l'Egua y Colomba), donde hay hallazgos que certifican que el 60 por ciento de los alimentos eran pescados y mariscos.
Las investigaciones apuntan a que los grupos humanos asentados en Arangas eran «territoriales», es decir, vivían confinados en el interior, bien porque no querían salir de allí o bien porque no les dejaban atravesar el Cuera y llegar hasta la costa. Las primeras investigaciones apuntaban todo lo contrario: que eran grupos itinerantes que en verano venían a Cabrales a cazar, y en invierno, a la costa a pescar. Pero las investigaciones llevadas a cabo durante veinticinco años en las cuevas de Los Canes y Arangas confirman la teoría de la «población permanente».