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Medio Ambiente y Desarrollo Rural, una mezcla a prueba
 
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Por primera vez en la historia de los gobiernos autonómicos asturianos no existe consejería específica de asuntos agrarios. La pesca, un subsector de pequeño tamaño pero que, con trescientos kilómetros de costa y una importante flota que tampoco es de despreciar, ha quedado diluida: ni siquiera en una interpretación generosa puede sentirse representada en el nombre. Todas las competencias han sido agrupadas en un área, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, que siembra dudas. Sólo la consejera, Belén Fernández, quien rechazó encabezar la lista del PSOE en Avilés y luego fue elegida para estar en el Gobierno, cree que se trata de una decisión de vanguardia en Europa, que marca un nuevo rumbo.

Los vaivenes de Medio Ambiente en la estructura del Gobierno asturiano son difícilmente explicables. Esta materia ya fue agencia dependiente de la Presidencia, consejería en solitario, área anexa a Urbanismo, primero, y a Infraestructuras, más tarde, hasta llegar a esta última mezcla. Que resulte tan difícil acomodarla denota una visión poco clara de los políticos sobre el medio ambiente.


Si la nueva unión fue recibida con recelos, más suspicacias despertó su enunciado. Que Medio Ambiente preceda a Desarrollo Rural, que incluso léxicamente lo relacionado con el campesino quede relegado a un segundo plano, es interpretado en el mundo agrario como una subliminal y negativa declaración de intenciones. Los ganaderos temen que «la moda» del medio ambiente se «coma» al campo.

Desde el principio, el camino no va a ser fácil, ni siquiera dentro la propia consejería. Fricciones entre responsables de ambos ámbitos ya requirieron de una intermediación para aplacar diferencias.

Nadie concibe ya la conservación del entorno natural sin tener en cuenta las actividades que le son consustanciales y lo esculpen. Y uno de los grandes problemas rurales tiene raíces medioambientales: los daños causados por los animales salvajes. Pero sería miope reducir el desarrollo rural sólo al papel de los ganaderos en su aldea o el medio ambiente a los problemas causados por los jabalíes y los lobos. La unión de Medio Ambiente y Desarrollo Rural en una consejería de la que en no existen precedentes no puede basarse en eso.


Medio Ambiente es, además de solucionar los problemas de los jabalíes y los lobos, gestión de residuos, abastecimiento de agua de Asturias, descontaminación atmosférica, ciudades saludables, saneamientos, control ambiental de las industrias, parques naturales. Desarrollo rural es, junto con las cuestiones que atañen a los ganaderos, política forestal, industria agroalimentaria, turismo, producciones ecológicas, agricultura.

No deja de ser chocante que la misma consejería que defiende la construcción de un embalse en Caleao o decide sobre el impacto ambiental de una autopista sea a la vez la que entiende de las queserías de afuega'l pitu y las ayudas a vacas nodrizas.

Los malos precedentes en la gestión de ambas materias dificultan la benevolencia y la comprensión del sector. El ganadero asocia las políticas de medio ambiente a trabas, prohibiciones, denuncias y multas, y las de desarrollo rural, a diversificación económica y fin de las actividades agrícolas o de pastoreo de siempre.


El tiempo, y el acierto o desacierto de sus gestores, se encargará de demostrar si con la fusión de Medio Ambiente y Desarrollo Rural estamos ante un encaje mal resuelto de un organigrama de gobierno o ante un concepto innovador de gestión del entorno que abre nuevo campos.

Lo único cierto es que tanto en las políticas de medio ambiente como en las de desarrollo rural, el agricultor es la base. El abandono del campo es uno de los principales problemas medioambientales, si no el que más, que tiene Asturias. La región es única por su paisaje, que el hombre talló a lo largo de miles de años de actividad e interacción con el entorno. Igual que un jardinero cuida su jardín y lo hace más biodiverso y disfrutable que si creciera como una selva, la mano del hombre modela la Naturaleza desde hace siglos. Mantener el paisaje -es decir, hacer medio ambiente- exige que los campesinos sigan en sus aldeas ejerciendo las actividades de siempre, que deben ser social y económicamente viables -o sea, desarrollo rural-.

No se trata de volver atrás en el tiempo y revivir las incomodidades y sufrimientos que pasaban los pastores durante meses con su ganado en las majadas de alta montaña. Se trata de que ese ganado y esos pastores sigan en los mismos pastos, en sus mismas tareas, impidiendo que la fisonomía de la braña cambie, devorada por el brezo, sin tener que pasar por iguales penalidades que sus antepasados de los que heredaron el oficio. Nadie derriba hoy una casa con siglos de historia, pero nadie la habita al modo que lo hicieron los primeros moradores: se conserva, se mejora y se adapta a las comodidades de la vida moderna. Lo mismo hay que hacer con el campo, tenga el nombre que tenga la consejería que lo defienda.


Conocimientos y técnicas para tejer en cada sitio el traje de desarrollo rural que mejor se adapte al territorio, preservando su equilibrio, existen. Falta la voluntad de hacerlo. Esa voluntad, que es política, siempre deberá tener presente que un modelo de Naturaleza acotada y separada del hombre no funciona. El medio rural es fundamental para conservar el medio ambiente de la región que queremos y necesita actuaciones a medida. Bruno Besche-Commenge, uno de los firmantes del «manifiesto del Tourmalet» en Francia, en favor de un cambio en la política hacia el campo, declaraba el viernes a LA NUEVA ESPAÑA que el desarrollo ecológico sostenible exige el mantenimiento de las formas de vida tradicionales, pues los pastores y ganaderos son los que han conservado el paisaje. El desarrollo rural bien entendido procurará que el hombre se sienta plenamente integrado en el medio ambiente y que se convierta en su gran defensor. Ése tiene que ser el objetivo de la consejería, que debe promocionar el campo asturiano para aumentar el bienestar de sus habitantes.
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