Oviedo, M. S. MARQUÉS
La inclusión de los fósiles de la cueva de Sidrón en el proyecto «Genoma Neandertal», que se desarrolla en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig (Alemania), ha obligado a los arqueólogos que trabajan en el yacimiento a extremar las medidas de protección y aislamiento para evitar la contaminación con ADN de hombre moderno.
Este fórmula ya fue ensayada en la campaña del pasado año por el equipo que dirige Javier Fortea. Ahora, las medidas de asepsia se refuerzan con un equipamiento aún más seguro que permita aislar completamente las muestras fósiles nada más ser extraídas del terreno en el que llevan ocultas miles de años. El nuevo equipo incluye bolsas nevera para su mantenimiento en frío hasta el depósito de los restos en un congelador, que también se suma este año a los útiles de campaña.
Con este sistema se trata de detener los procesos de degradación que afectan a los huesos una vez en contacto con el ambiente externo y facilitar así los análisis de las muestras en el laboratorio.
El proyecto «Genoma Neandertal», al que Sidrón se ha incorporado el pasado año como yacimiento capital, es un estudio desarrollado por una veintena de científicos internacionales con el objetivo de profundizar en las claves de la evolución de nuestra especie. Conocer la naturaleza neandertal es imprescindible para localizar las diferencias genéticas que explican nuestras capacidades cognitivas y nuestro propio desarrollo. Hasta ahora la comparación de Homo sapiens y Neandertal ha permitido determinar que las dos especies se separaron hace 500.000 años.
Para que Sidrón siga contribuyendo de manera destacada al estudio es necesaria la aportación de fósiles con la menor contaminación posible de ADN contemporáneo. Eso permitirá seguir extrayendo muestras genéticas del núcleo de la célula, que son las que aportan mayor información.
Esas directrices marcan la línea de trabajo seguida por el equipo de Javier Fortea, que inició ayer las excavaciones en la cueva. Las medidas de esterilizado y aislamiento se seguirán únicamente con los fósiles seleccionados para los estudios de ADN. El otro frente es seguir rastreando las zonas más fértiles para tratar de encontrar el suelo que pisaron los neandertales de Piloña.
Once personas, entre arqueólogos y estudiantes, tratarán de ejecutar un plan de trabajo centrado en dos objetivos. Por un lado, seguirán ampliando el perímetro de excavación en la galería del osario, una zona localizada a unos 300 metros de la entrada de la sima en la que, en los últimos años, han extraído más de un millar de huesos.
El otro punto de actuación será en una de las entradas de la cueva. Allí se produjo hace miles de años un desplome de la visera que protegía la entrada. Los arqueólogos quieren comprobar el suelo que cubren las rocas de ese derrumbe porque es posible que allí queden restos del hábitat de los neandertales que ocuparon la zona.
Hasta ahora, los restos reunidos durante los últimos años de excavaciones responden a los esqueletos de nueve individuos de diferentes edades y sexos, algunos de ellos muy completos. Seguir reuniendo material óseo ayudará a completar el estudio anatómico de los neandertales de Sidrón y, con ello, los estudios paleobiológicos, que ofrecen valiosa información sobre sus hábitos de vida.
La colección de fósiles incluye casi la totalidad de las partes del esqueleto humano, con un mayor déficit de huesos de la cara. Son ésos precisamente los que buscan con especial interés los arqueólogos, aunque saben que su fragilidad les hace escasear.