Oviedo
Tal como resaltó Magín Berenguer en 1979, la cueva de Llonín fue descubierta en 1957 por dos vecinos de la zona, Francisco y Manuel Monje, industriales queseros. El hallazgo resultó de gran utilidad para su actividad económica ya que encontraron en la cavidad el lugar idóneo para la fermentación del queso.
Acondicionaron el acceso del vestíbulo y una parte del interior de la cueva. El arte rupestre de la cueva de Llonín fue publicado por primera vez en 1979, en un importante estudio realizado por Magín Berenguer. Desde entonces, su contenido artístico fue objeto de valoración por parte de distintos autores. El estudio sistemático tanto de su arte como de su yacimiento arqueológico fue asumido por Javier Fortea Pérez a partir de 1984, a instancias de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, institución que ha promovido igualmente distintos estudios relacionados con la conservación del arte de la cueva. En 1984 se llevó a cabo la fase preliminar de investigación.