Lne.es » Opinión
 Noticia anterior   Noticia siguiente 

Es simplemente bello

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
 

AVELINO ALONSO Segunda visita al Centro de Arte Laboral -es la segunda exposición que en él se instala- y segunda vez que vuelvo repleto de dudas. Y no sé si eso es bueno o malo (quizá sea todo lo contrario). Esta segunda es una visita condicionada por la lectura de la ácida crítica vertida en el suplemento cultural más prestigioso de la prensa nacional, y firmada por un crítico también de contrastado pedigrí. En ella se tritura y descalifica la propuesta expositiva del centro. Es una visita también condicionada por mi fascinación por el edificio, cuyo acondicionamiento como Centro de Arte me parece magnífico. Pero a partir de aquí se inician mis dudas. Y esto ocurre justo cuando traspaso la puerta. Ahí me encuentro con un enorme cartel pegado a la pared. Reza un eslogan absurdo e insulso: «El trabajo es amor en estado sólido», rotulado en una tipografía entre hortera y colorista. El cartel podría servir para anunciar cualquier producto de consumo y estar situado en un centro comercial de barrio. Sólo la desmesura de su tamaño lo sitúa fuera de ese contexto. Después leo un texto escrito en la pared, que intenta explicar lo que veo y voy a ver. En letras grandes dice: «It's simply beautiful» (es simplemente bello) y contiene frases como: «los estudiosos vienen centrándose en la forma en la que la globalización y el transnacionalismo alteran nuestro concepto de cultura», o también preguntas del tipo: «¿pueden obras de arte bellas ayudar al espectador a sentirse mejor dentro de este nuevo mundo?». Siguen enormes estancias ocupadas por objetos escuetos. En la primera, un vídeo proyector lanza a la pared un gran ojo (o similar), cuya imagen se refleja en un enorme charco de agua; todo ello se adereza con una música obsesiva por repetitiva. En la segunda, dos maniquíes ocupan las esquinas de un ring de boxeo, en las paredes se han rotulado palabras a modo de grafitis, de nuevo la música crea una atmósfera agobiante por la continua repetición. En la tercera observamos el resultado de una performance, en la que dos bailarinas-actrices se han ensuciado a sí mismas con barro, al tiempo que también ensuciaban las paredes. En la cuarta, hay una bicicleta tuneada con dudoso gusto, cuadros que podrían venderse en un bazar oriental y un plato giradiscos situado en la pared. Ya en la última, neones cruzados cubren el cielo de un castillo de juguete. En todos los casos hay textos explicativos que hacen referencia a cuestiones como el «aspecto posible de la utopía», «la influencia que Occidente ejerce sobre la cultura oriental» o «la circulación de las ideas y la información». Me enfado. Pienso que se podría haber puesto cualquier otro texto y seguiría guardando la misma relación con lo que mis ojos ven, o sea, ninguna. Porque lo que veo tiene difícil justificación, o muy fácil. Se trata de algo a caballo entre la escenografía teatral y la decoración de interiores. Se trata de unas propuestas artísticas que solo podrían ser trasladables al ámbito de los bares de copas o al de los montajes escénicos modernos. Todo intento de dotarles de contenido conceptual está condenado al fracaso. Porque además, se parte de una propuesta perversa, partir de «Es simplemente bello» supone partir del vacío, pues cualquier cosa puede considerarse bella, depende del criterio del observador. Por muchos cánones de belleza y porciones áureas que haya planteado el ser humano, la idea de belleza es subjetiva por principio. Nadie puede afirmar que la bicicleta tuneada no sea bella (al igual que tampoco nadie puede afirmar que lo sea). Tampoco nadie puede afirmar que ensuciar con barro una pared sea criticar la influencia de Occidente en la cultura oriental, ni negarlo en redondo. El discurso que generan los textos ofende a la inteligencia, porque, o mis ojos me engañan (soy bastante miope), o me engañan los redactores (cabe una tercera opción en la que, siguiendo una estrategia zen, el sentido sea el sin sentido).
En este punto, el lector atento habrá observado que mi nivel de confusión y despiste es elevado. Pero sí hay unos elementos comunes, que nos permiten entender algo de lo que se nos muestra. Se trata de propuestas efímeras, con fecha de caducidad (una vez que se termine la exposición la obra desaparece), caras y ostentosas, en las que los medios tecnológicos tienen una presencia apabullante. Se trata de un arte del derroche y del despilfarro. De objetos sin sentido, frases absurdas con tufillo intelectualoide, pero todo muy grande, amparado en tecnología punta, y efímero. ¿Qué función tiene este arte? La que han tenido todos desde la prehistoria: definir el poder y señalar a quien lo ostenta. Sólo un ente, que pretende alardear de estas cualidades, al que le sobra el dinero y tan seguro de sí mismo que impone su punto de vista (aunque éste sea caprichoso), puede sostener estas propuestas artísticas. Estos entes son los gobiernos autónomos, necesitados de adquirir protagonismo en nuestra sociedad del despilfarro y, para ello, optan por la ostentación de la riqueza y por la fascinación ante la tecnología, sin importarle caer en el esnobismo y la horterada.

Hay más reflexiones, quizá este tipo de arte pueda justificarse por las reflexiones que suscita (aunque no sean muy positivas para él). Pero no me gustaría dejar de señalar algunos aspectos puntuales, casi anécdotas, que habría que subsanar. Las cartelas de las exposición de Artistas Asturianos («Extensiones-anclajes») no se corresponden con las obras mostradas, sino con las de una edición anterior. La grabación, que sorprende al usuario de los servicios higiénicos, habla de la anterior exposición y no de la que ahora se muestra. Varios de los videojuegos que componen la muestra «Gameworld» no funcionan, dando la impresión de que el mantenimiento no es el adecuado. Son pequeños detalles que un centro de esa categoría debería cuidar.

Seguiremos atentos a la reflexión motivada por un Centro de Arte que debería ser referente de lo que ocurre en nuestra región. O quizá ya lo sea.

Avelino Alonso es director del Ateneo de La Calzada.

COMPARTIR
 

  HEMEROTECA
     CONÓZCANOS: CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES    PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS|CONTRATAR  
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | El Boletín  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas