Cada domingo los lectores recibirán, gratis, sólo con comprar el periódico del día, las entregas del coleccionable verdaderamente imprescindible para conocer los yacimientos prehistóricos, que han convertido a Asturias en un punto de referencia mundial.
Oviedo
LA NUEVA ESPAÑA entregará el domingo, gratis con el periódico, el decimoséptimo fascículo de «La Prehistoria en Asturias, un legado único en el mundo», una excepcional iniciativa cultural. Cada domingo los lectores reciben, sólo con comprar el periódico del día, una entrega de este coleccionable, imprescindible para conocer los yacimientos prehistóricos que han hecho de Asturias un punto de referencia mundial.
El fascículo que se entrega el domingo prosigue el fascinante recorrido de la cueva de Coímbre. Esta cueva, como la mayoría de las ubicadas en el oriente de Asturias, no está abierta al público. LA NUEVA ESPAÑA ofrece la posibilidad única de descubrir sus numerosos tesoros.
La cueva se encuentra próxima al pueblo de Alles, capital del concejo de Peñamellera Alta, en la vertiente suroeste del monte Pendelo o de Coímbre, de 532 metros de altitud, sobre la margen izquierda del río de Besnes, que desde Alles desciende para unirse al Cares en Niserias.
Se la conoce en la zona también como cueva de Las Brujas, aunque ha pasado a la bibliografía prehistórica con el nombre de Coímbre. Contiene un importante yacimiento arqueológico, no excavado, y una serie de grabados rupestres de gran interés, cuyo estudio está por completar pese a los más de treinta años que hace desde que se descubrieron.
Lo hicieron el 4 de abril de 1971 Miguel Gutiérrez y Luis Noriega, dos jóvenes de Alles. La cueva permanece cerrada, desde su descubrimiento, por una verja y no puede ser visitada. El acceso a la cueva se realiza por un camino muy empinado que asciende en zigzag y cubierto en gran parte de maleza. Su boca se encuentra a 220 metros de altitud sobre el nivel del mar y a unos 70 sobre el río Besnes. En la gran sala hay una considerable cantidad de bloques desprendidos, algunos recubiertos en parte por estalagmitas. La cueva tiene, al parecer, tres niveles de galerías que han sido exploradas por un grupo espeleológico de la Universidad de Lancaster (Reino Unido). A unos cinco metros de la entrada, en la pared izquierda, mirando hacia el fondo de la cueva, arranca una galería muy estrecha por la que es preciso arrastrarse para recorrerla.
El primer grupo de grabados se encuentra en las mismas paredes de la entrada y ha sido trazado con incisiones muy profundas. Los de la pared izquierda parecen representar algunos signos vulvares; los de la derecha son incisiones de sentido vertical. Hacia el interior, pero cerca de la entrada, en una zona a la que llega la luz del exterior, se encuentra la obra más destacada de la cueva. Se trata de un bisonte de 1,25 metros de longitud, grabado con línea continua muy profunda, sobre un bloque desprendido, y que aprovecha la curvatura natural de la roca para conseguir efectos de relieve. La figura tiene un gran realismo y se aprecian todos los rasgos distintivos del animal: cuernos, testuz, línea dorsal, patas, pezuñas...
En otros bloques de la misma zona se reconocen restos de más figuras.