Oviedo, M. S. M.
La puerta principal del nuevo Museo de Bellas Artes mirará de frente a la plaza de la Catedral. Formará parte de un edificio conservador y vanguardista a la vez. Conservador porque mantiene las actuales fachadas como parte de la historia de la ciudad, pero dándoles un respaldo de vanguardia con una segunda fachada que se asoma al exterior «como una suerte de diamante».
Así define Patxi Mangado la singular intervención ideada para combinar pasado y futuro. El nuevo edificio que salga del derribo de las viejas casas de la calle de la Rúa y de la que hace esquina en la plaza de Alfonso II (plaza de la Catedral) tendrá una fachada original realizada a partir de láminas de aluminio reciclado. Es lo que Mangado llama «material basura», porque está compuesto con latas de bebida recicladas pero con un resultado final extraordinario que se proyecta con un brillo especial. Desde el exterior se podrá ver una gran construcción luminosa, mitad vítrea, mitad de aluminio.
Detrás de esta apuesta está el respeto por la ciudad histórica con la permanencia de unas fachadas que, según dijo, conservan toda la intensidad de la ciudad, a la vez que se asoman al siglo XXI. Mangado, que se declaró ayer partidario de una arquitectura que funcione, añadió que la arquitectura sólo es bella si además sirve. Ese respeto riguroso a la historia desde la contemporaneidad le inspiró para dignificar la estructura del palacio de Velarde. Todas las intervenciones en ese espacio están orientadas a destacarlo y pensadas para recuperar sus cuatro fachadas. Hasta ahora el palacio de Velarde estaba unido a una construcción menor dedicada a servicios, donde estaba instalado el salón de actos. Con el derribo de ese edificio un corredor entre ambos dejará a la vista la fachada de Velarde.
En el patio de la manzana habrá otras dos pasarelas de unión entre edificios y como, según el arquitecto, «la arquitectura es el arte de lo posible», el patio tendrá su propio componente escenográfico.
Otro elemento singular de la nueva construcción, desde el punto de vista formal, será el que constituyen las cubiertas de cinc, con lucernarios orientados al Norte para modular la luz del sol. La presencia exterior de los lucernarios está pensada para recordar a los cimborrios y capillas de la Catedral.
Las cubiertas y la doble fachada ofrecen una visión nocturna desde el exterior que constituirá la nueva imagen del museo.