Oles (Villaviciosa),
Mariola MENÉNDEZ
Adolfo Folledo, vecino de Quintes, se compró hace siete años una finca con el objetivo de montar unos viveros de planta ornamental. Al comenzar a limpiar la zona, la pasada primavera, se encontró un antiguo muro y entre la maleza una piedra sobresalía sobre el resto. Resultó ser una estela funeraria que, en un principio, parece tener unos 7.000 años. Folledo se puso en contacto con un amigo suyo, Jorge Camino, arqueólogo de la Consejería de Cultura, quien, a su vez, contactó con Rogelio de Balbín y Primitiva Bueno, arqueólogos de la Universidad de Alcalá de Henares, que ahora están elaborando un estudio sobre el hallazgo. Después encontró otra similar, pero de menor tamaño, posiblemente perteneciente al mismo enterramiento funerario, lo que hace pensar que puedan realizarse nuevos hallazgos.
Según Rogelio de Balbín, enseguida pudieron «reconocer los restos de un túmulo», o lo que es lo mismo, «un montecillo artificial con que en algunos pueblos antiguos era costumbre cubrir una sepultura». De Balbín, señala que «la forma de la pieza, nítidamente apuntada en la parte superior, la incluye entre las estelas antropomorfas megalíticas» y «la decoración de su anverso, círculos concéntricos, la sitúa como un ejemplo fuera de lo común del arte atlántico». El arqueólogo añade que «la pieza de Oles es un sólido argumento para valorar sistemas múltiples de expresión gráfica al aire libre y en el mundo funerario». Folledo, después de examinar durante horas los grabados de la piedra, explica con un argumentado discurso que «puede tratarse de la representación mitológica del monte del Sueve».
El descubrimiento de Adolfo Folledo no es un hecho aislado en la zona, ya que «es conocida desde antiguo la existencia de túmulos dolménicos en la mariña de Villaviciosa». A pesar de los abundantes restos, nunca han sido excavados científicamente debido a su alto coste, señalan algunos expertos. De Balbín advierte de que «esta abundancia va decreciendo progresivamente por el continuo crecimiento en la construcción y por la rotura intencional de muchos restos».
El arqueólogo indica que «los estudios de los megalitos de La Cordal (Villaviciosa) y los de Monte Areo, en el límite de los concejos de Carreño y Gijón, avalan la teoría de que, «hace unos 7.000 años, grupos constructores de megalitos, agricultores y pastores, se movían en estos territorios costeros» y «la presencia de azabache en uno de los megalitos de Monte Areo sugiere la posibilidad de que hubiera sido uno de los factores del despegue económico en la costa asturiana».