E. CAMPO
«Todo lo que sea desvirtuar el espacio original no conduce a nada. Dejar la fachada y tirar lo de dentro es desvirtuar el edificio». Miguel Ángel Fernández Matrán, director del Centro Internacional para la Conservación de Obras del Patrimonio (CICOP) expuso así de claramente su criterio en el marco de la conferencia inaugural del curso de experto universitario «Conservación de piedra en edificios y esculturas».
Este posgrado, que organiza la Universidad de Oviedo junto a la Escuela Superior de Arte, comenzó ayer su andadura en el Centro de Servicios Universitarios de Avilés. El profesor animó a los alumnos a tener un buen criterio a la hora de realizar las actuaciones de conservación, ya que «técnica sin criterio conduce a la destrucción del patrimonio». El profesor arremetió contra el «fachadismo», el respeto sólo de las fachadas, a que se llega en muchas ocasiones de la mano de los planes especiales del casco histórico. «Con los planes de protección y dinamización aumenta desorbitadamente el precio de la vivienda y se cae en el "fachadismo" debido a la fuerte presión económica», criticó. Definió el «fachadismo» como una forma de escenografía emparentada con lo que puede verse en los decorados de Disneyland.
Fernández Matrán se refirió a una nueva «era de las barbaridades» en conservación, que ya no se refiere tanto a la restauración de un elemento del patrimonio como a que no se respete el espacio. «Se interviene con criterio adecuado, pero el entorno lo han destrozado, y el espacio lo condiciona todo», afirmó. En ese sentido, destacó el entorno de los monumentos del Naranco como un espacio bien conservado del que sentirse orgullosos.
La gran diferencia del profesional dedicado a la conservación del patrimonio del siglo XXI y el de épocas anteriores es que ahora se trabaja en equipo, dijo Fernández Matrán. «Es clave un equipo multidisciplinar; es el gran avance. Trabajar de forma individual sería un suicidio, no se puede saber de todo», señaló. Por último, habló del valor significativo -relacionado con la memoria de los pueblos- y del valor original -que viene dado por aspectos objetivos- como determinantes de la importancia de un elemento.