Lisboa
La cumbre europea que aprobó el nuevo Tratado de la Unión concluyó ayer un optimismo generalizado entre los líderes de los 27 por el fin de una crisis institucional que ha durado más de dos años.
En las ruedas de prensa que dieron muchos de los gobernantes para comentar el acuerdo hubo coincidencia general en saludar la aprobación del Tratado, tanto por su contenido como por que permite por fin enfocar los esfuerzos comunitarios a los retos internacionales y domésticos de la UE.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, estimó que «el tiempo de las turbulencias ha quedado atrás» y que, ahora, la UE cuenta con «más músculo» para influir en el mundo. Zapatero resaltó que España, con cuatro eurodiputados más, es el país que más incrementa su representación en el Parlamento europeo, en contraste con los 14 diputados perdidos por el ex presidente Aznar en el Tratado de Niza. «En Niza fuimos el país que más perdió y en Lisboa somos el que más gana», dijo.
El primer ministro luso, José Sócrates, y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, opinaron que el Tratado abre una nueva era en la Unión y la refuerza ante las exigencias de la globalización. Durão Barroso anunció que la Comisión coordinará con los estados miembros acciones para explicar a los ciudadanos el contenido del documento. Sócrates subrayó que Europa está ahora preparada para «liderar» el debate mundial sobre la globalización y la necesidad de «rediseñar las instituciones internacionales».
El primer ministro británico, Gordon Brown, aseguró que en su país no será preciso un referéndum porque el texto no ha cruzado ninguna de las «líneas rojas» que se impuso, y subrayó que Londres no apoyará más modificaciones institucionales en un plazo de «muchos años».
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, rechazó también un referéndum e insistió en mantener su palabra de seguir un proceso de ratificación parlamentaria. Sarkozy recordó que fue Francia la que «bloqueó» la Constitución europea con el resultado negativo de la consulta popular de mayo de 2005 -seguida en junio por el «no» de Holanda- e insistió en que ahora debe estar «entre los primeros» en ratificar el texto. El resultado del acuerdo alcanzado en Lisboa es «extremadamente importante» para la UE, agregó, que «sale de diez años de embrollo institucional».
Uno de los gobernantes que más se opusieron al borrador del Tratado, el presidente de Polonia, Lech Kaczynski, afirmó tajante: «Tenemos todo lo que queríamos», después de haber logrado la inclusión de una mención al «acuerdo de Ioannina», que permite retrasar en casos excepcionales la adopción de decisiones que no puedan ser bloqueadas por no existir la preceptiva minoría.
Romano Prodi, jefe del Gobierno de Italia, el otro país que tuvo en el aire hasta el último momento la aprobación del Tratado, destacó su victoria en la lucha contra los criterios de composición del Parlamento europeo, al lograr un diputado extra que deja a Roma en paridad con Londres, aunque no con París.
La canciller alemana, Angela Merkel, destacó el importante trabajo preparatorio germano en el semestre anterior. Merkel, Sarkozy y Brown suscribieron una declaración conjunta en la que sugieren a los líderes de la UE que adopten en 2008 decisiones sobre una gestión coordinada de crisis financieras como la provocada por el colapso hipotecario en EE UU.