Los programadores informáticos comen pizzas en cajas de cartón porque están demasiado ocupados para seguir las novedades de la nueva cocina. Los cocineros modernos usan las nuevas tecnologías de la información pero a un nivel que, comparado con el de los programadores, es de pizza en cartón. Estas dos disciplinas superespecializadas son las que más apreciadas novedades producen en el mundo actual.
Hay que dejar en manos de los profesionales la informática y la gastronomía pero ¡qué exigentes son con los usuarios! No hay manera de estar al día sin que te dejen descolgado, sea como trabajador y ocioso de la pantalla, sea como gozador a la mesa.
Lo último que nos enseñan las revistas generales -que será lo penúltimo que dieron las especializadas y lo antepenúltimo con lo que enredaron los cocineros- son las sales raras. Se acabó que el cloruro sódico sea sal común.
¿Por qué sal común si puede ser secada al sol del Algarve, bajar del Himalaya, proceder de arcilla gris de Bretaña o de carbón activado de Sanlúcar de Barrameda? Colores, texturas y matices se incorporan a la acción de salar como a inicios de los años noventa quitar la sed con agua potable de restaurante se convirtió en una lucha contra las cualidades de incolora, inodora e insípida propias de los dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. ¿Insípida? y te daban una carta de aguas en la que disfrutar de todo tipo de matices según procedencias, adherencias y tratamientos. Antes que de la informática quedé descolgado de la acuática porque los sabores de dos marcas distintas se me parecían como dos gotas de agua.
Esto se dice sin ningún enfado y, desde luego, sin ninguna nostalgia de aquellos tiempos en que había vino y, aparte, Rioja, que era otro producto y cosa mejor. Ahora una buena carta de vinos es una carta geográfica, un mapamundi enológico. Hay cartas del banco, contratos y títulos de propiedad en los que se entiende más, incluso la letra pequeña.
En términos ideológicos es bueno. Ojala la carta política admitiera tantos matices y procedencias y nuestros paladares ideológicos fueran más exigentes. La dieta diaria se ha quedado reducida a ser degustada como sosa o salada, de grifo o de mesa y, en cuanto al vino, al funcionalismo de si induce o no a cantar himnos regionales.
¡A qué borrachera queremos llegar que una entidad recaudadora le está preparando una letra al nacional con un jurado compuesto de musicólogo, historiador, ex-presidente del Tribunal Constitucional, compositor y doble campeona olímpica y ex-diputada en el Parlamento Europeo!