Avilés
Mientras en la tarde-noche del viernes se hablaba en el Campoamor de respeto ambiental, el aeropuerto de Asturias disparaba las emisiones de dióxido de carbono. El aeródromo asturiano registró la mayor concentración de jets privados de los últimos tiempos, con 22 entradas a lo largo de la semana y 18 salidas previstas para ayer; pero los aviones de ejecutivo fueron insuficientes para alguno de los asistentes a la gala: el multimillonario norteamericano Sheldon Adelson aterrizó en Asturias con un Boeing 767 para su uso personal; un avión de la gama del Airbus, para doscientos pasajeros.
El hombre de la «verdad incómoda», el estadounidense Al Gore, aterrizó en su jet privado el pasado día 24. Su modelo, un Gulfstream, habitual en los hombres de negocios, partió el día siguiente a Torrejón (Madrid) de donde voló a París, regresó a Madrid y regresó nuevamente para quedarse en Asturias hasta ayer, fecha en la que Gore salió con destino Sevilla. Tomando como base cómputos de consumo de aeropuertos estadounidenses para jets Gulfstream, el avión del infatigable luchador del cambio climático emitió en esta semana a la atmósfera unas 20 toneladas de dióxido de carbono. La comparación: la central eléctrica de Soto de Ribera emite unas 500 veces más cantidad por día de media. Sin embargo, la palma del efecto atmosférico de los desplazamientos con motivo de los premios «Príncipe» seguramente se la lleve Sheldon Adelson, promotor inmobiliario de Las Vegas, el tercer hombre más rico de Estados Unidos. A la envergadura de su 767 hay que sumar la oportunidad de sus viajes. El avión llegó el viernes, a las 11 de la mañana, de Asturias trasladó a su familia a Bilbao a visitar el Guggenheim y regresó para la ceremonia, pero tuvo que volver a Bilbao para pasar la noche dado el tamaño de la nave. Ayer regresó a recoger a sus tripulantes y surcó de vuelta el océano.