Oviedo
El de EDP, presidida por Antonio Mexia, y Sonatrach, con Mohamed Meziana al frente de la gestión, es un entendimiento entre dos empresas con notable componente público. La portuguesa está controlada parcialmente por el Estado luso y Sonatrach depende del Ejecutivo de Argel.
El pacto entre ambas compañías se ha gestado desde principios de año, mientras el mercado europeo del kilovatio se tensaba por los acontecimientos de la española Endesa. Y las conversaciones cuajaron al tiempo que en Argelia se deterioraban las relaciones entre Sonatrach y las también españolas Repsol YPF y Gas Natural.
Hace apenas dos meses, el grupo argelino rescindió el contrato, por valor de 1.600 millones de euros, suscrito con las compañías españolas para desarrollar el gran proyecto integrado de gas natural de Gassi Touil.
Esa rescisión del contrato redujo drásticamente la posición de Repsol en Argelia, pero el varapalo ha sido aún mayor para Gas Natural, ya que era la única concesión que poseía en el país norteafricano, sexto del «ranking mundial» en reservas de gas. Y primer suministrador de España. Las necesidades de gas natural del país, que se han multiplicado con la apuesta por la generación eléctrica de ciclo combinado, dependen en buena media del combustible que llega de Argelia.
El proyecto Gassi Touil consideraba la construcción de una planta de licuefacción de gas natural para procesar y explotar las reservas descubiertas en las zonas denominadas Gassi Touil, Rhourde Nouss y Hamra. Sonatrach argumentó que el contrato había resultado un «fiasco» y culpó a las empresas españolas de incumplimientos y retrasos.