Madrid / Rabat
El Gobierno de Marruecos, por orden del rey Mohamed VI, llamó ayer a consulta por tiempo indeterminado a su embajador en Madrid debido a su rechazo a la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, prevista para la próxima semana. La decisión se conoció minutos después de que España calificara las relaciones bilaterales de «extraordinarias».
Así se había pronunciado la vicepresidenta Fernández de la Vega en rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, en la que destacó que la visita se enmarca dentro de la normalidad institucional y mostró su confianza en que las diferencias puntuales con Marruecos no empañen unos vínculos basados «en un afecto sincero y un respeto mutuo».
Poco después, Rabat, para mostrar su desagrado por la visita real a Ceuta y Melilla, que considera «ciudades ocupadas», hizo pública su intención de retirar a su embajador en Madrid, Omar Azziman.
Tras el anuncio, que el Ejecutivo marroquí atribuye en una nota oficial a «muy altas instrucciones de Su Majestad», el portavoz del Gobierno norteafricano, Jalid Naciri, señaló que «la pelota está en el campo de España».
Además, Naciri subrayó que la decisión se ha tomado tras cerciorarse de que el comunicado difundido el jueves por Marruecos, en el que su Ejecutivo lamentaba y rechazaba la visita de los Reyes, «no ha tenido ningún eco en la postura de España».
Fuentes del Ministerio de Exteriores español descartaron ayer mismo que España tenga la intención de adoptar «una medida similar» y declinaron comentar la decisión tomada por Marruecos.
Por su parte, fuentes del Ejecutivo y del PP confirmaron que el presidente Zapatero informó el pasado lunes al líder popular, Mariano Rajoy, de que el reino alauí «no iba a poner problemas» a la visita.
Tras difundirse la noticia de la retirada, el portavoz del PP en la Comisión de Exteriores del Congreso, Gustavo de Arístegui, aseguró que su partido advirtió al Gobierno desde el principio de la legislatura de que «la falta de sinceridad con Marruecos es el camino más corto a la crisis». Arístegui consideró «excesiva» la reacción marroquí, pero criticó lo que tachó de «incapacidad» de Zapatero para dejar claras sus «líneas rojas».
La retirada del embajador supone el primer escollo en las relaciones hispano-marroquíes después de que éstas se dieran por normalizadas -tras el período de Gobiernos del PP- con la llegada de los socialistas al poder en 2004.