Oviedo, M. S. MARQUÉS
Son la neonatología del futuro, incubadoras que buscan el mayor parecido posible al vientre materno. El proyecto llega de la mano de un grupo de estudiantes de la Universidad de Salamanca interesados por el tratamiento de niños prematuros y fue presentado ayer en forma de póster dentro de la reunión organizada por la Sociedad Pediátrica en el Auditorio de Oviedo.
El objetivo de la sofisticada incubadora es que los bebés prematuros no sólo consigan salir adelante, sino que lo hagan en las mejores condiciones y sin las secuelas psicológicas que producen en muchos casos las salas de cuidados intensivos.
Para ello, estudiantes de Medicina, de Ingeniería Industrial y de Ingeniería Informática, han diseñado una bolsa de neopreno con líquido amniótico que proporciona un sistema gravitatorio réplica del útero de la madre. En su interior, aislado de los ruidos externos y en condiciones totalmente asépticas, el bebé escucha a través de un reproductor la voz de su madre, la respiración y los mismos sonidos que percibía antes de nacer.
Almudena Navarro, estudiante de Medicina en Salamanca, fue la encargada de presentar el proyecto, que este mismo año fue premiado por el Ministerio de Sanidad. A su juicio, lo más importante es que el prematuro no padezca en el futuro las secuelas que pueden originar las largas estancias en incubadoras tradicionales. Por eso, liberarlos de la luz estresante de las salas hospitalarias y de los pitidos y otros ruidos propios de dichos ambientes son algunos de los beneficios que oferta el proyecto.
En el interior de la bolsa de neopreno, el bebé no se podrá manipular ni estaría conectado a ningún aparato que le produzca estrés. Está pensada para reproducir la posición de hiperflexión que favorece su desarrollo motor y que el neonato disfruta en el vientre materno.
La posición de la nueva incubadora variaría, buscando el reposo durante las ocho horas nocturnas y con un movimiento similar durante el día al que produce la madre al moverse. Esto iría acompañado de un dispositivo que emula los estímulos táctiles que el niño recibe a diario. La madre puede acariciar la bolsa de neopreno de manera que el bebé perciba esas caricias tan beneficiosas para el desarrollo de su sistema nervioso. Otro paso importante es que permite que el bebé se alimente desde su propio cordón umbilical que estará conectado a una placenta artificial. Ésta funciona de forma similar a las máquinas de diálisis, realizando la limpieza de toxinas de la sangre y facilitando la función pulmonar y la nutrición.
Ahora el grupo de estudiantes, coordinados por el pediatra Félix Lorente, ha iniciado los pasos para sacar adelante un prototipo con el que poner en marcha el proceso experimental. Será éste, en definitiva, el que permita ver las posibilidades de llevar a la práctica un proyecto que ayer despertó la curiosidad y el interés de los pediatras.