Penzol (Castropol),
Jorge JARDÓN
Un buen día, el ganadero José Mario González, de 30 años, observó una vaca en un catálogo que le entusiasmó. Habló con un importador de reses de Vegadeo y a los pocos días tenía en su casa una vaca de la raza «montbeliarde», procedente de la Bretaña francesa. Lo que era sin duda un riesgo acabó convirtiéndose en una satisfacción al comprobar que la vaca, que venía preñada de cinco meses, se adaptaba sin problemas desde el primer momento, mostrando una actitud mucho más cómoda que las frisonas que tiene en la cuadra.
Como rasgos más característicos apunta que su nueva vaca tiene la capa de pelo más rojiza que las frisonas, destacando además la cabeza blanca y las orejas más grandes. También resalta la capacidad lechera de su vaca, a la que le ha puesto de nombre «Momi», que no ha dejado de dar por encima de 36 litros diarios, y eso a pesar de que está de nuevo preñada, ahora con semen de frisón. Además, es más dura que las frisonas y se adapta mucho mejor al calor y al frío.
Tan satisfecho se encuentra con la raza «montbeliarde» que ya tiene otras tres vacas encargadas, y espera poder reemplazar con ellas la mitad de cabezas de su cuadra. «Momi», de cuya raza no conocen los veterinarios de la Consejería ningún otro ejemplar en la comarca, forma parte de la cuadra de González, un ganadero de Penzol al que le gusta experimentar. Por eso, un problema surgido en su cuadra hace unos años fue determinante para él, al verse afectadas trece de sus vacas de recría del primer parto de una extraña infección en las patas de la que nunca se supo su procedencia.
Todo acabó con la muerte de siete novillas y con el envío de las otras seis al matadero a precio de saldo. Y a partir de ese momento empezó a importar frisonas alemanas y francesas, pero desde que conoció a «Momi» parece sentirse inducido hacia las «montbeliarde».
Mientras José Mario González señala que la «xente nova» no quiere las vacas, él se encuentra entusiasmado con su trabajo. Cuenta en estos momentos con cuarenta madres y veinticinco recrías, pero no piensa ampliar el número porque asegura que no las podría atender bien y tampoco está dispuesto a atenderlas mal.
Según explica, la razón de que la gente no se dedique a la ganadería es que el ganadero, en estos tiempos, no tiene dinero, aunque reconoce que el sector lo mueve, si bien el presente es verse atado a las compras a plazos.