Oviedo, Patricia MARTÍNEZ
Para el público no especializado y hasta la publicación del libro «Arte rupestre prehistórico del oriente de Asturias», hacerse una idea del sentir cotidiano y artístico del Paleolítico Superior en la zona oriental suponía un esfuerzo de imaginación y peregrinaje por distintos departamentos universitarios. El libro, editado por el Consorcio para el Desarrollo Rural del Oriente de Asturias y presentado el miércoles en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, «es importante por su carácter de síntesis y compilación de una información hasta ahora muy dispersa e inaccesible». Estas palabras son de César García de Castro, uno de los autores y encargado, junto con Sergio Ríos, de contextualizar el estudio y explicar cuestiones como «por qué en la rasa costera hay muchas estaciones arqueológicas y ninguna en Ponga», puso como ejemplo Sergio Ríos.
El procedimiento a la hora de obtener información técnica arqueológica, las herramientas utilizadas o los comportamientos humanos que dieron lugar al arte rupestre son explicados en el libro por Marcos de la Rasilla, que definió su misión como «un panorama de cómo se organizaban, vivían y sentían en aquel tiempo, para luego pasar a los propios yacimientos del arte».
El tratamiento de las manifestaciones artísticas y su contextualización en el marco del arte rupestre europeo corrió a cargo de Javier Fortea, quien subrayó que «en un amplísimo territorio que comprende desde la península Ibérica hasta la vertiente asiática de los Urales, un 96 por ciento del arte rupestre se encuentra entre Francia y la península Ibérica. De este porcentaje, Asturias y Cantabria suponen el 66 por ciento del total, lo que sitúa al arte rupestre asturiano en una posición muy importante».
En la presentación del libro también se trataron temas de la era actual, como la potencial explotación de estos yacimientos como recurso turístico. A este respecto, García de Castro se mostró de acuerdo con las restricciones de acceso: «Lo que tiene interés para el turista se puede visitar. Creo que el libro ayudará a comprender que la conservación exige restricciones».
El autor también defendió la candidatura de ampliación como Patrimonio Mundial a varias cuevas de Asturias y Cantabria, entre las que se cuentan las de Tito Bustillo, en Ribadesella; El Pindal, en Pimiango (Ribadedeva); La Covaciella, en Cabrales, y Candamo». Estas cuevas se unirían así a la de Altamira, en Santillana del Mar (Cantabria), que ya cuenta con esa distinción desde el año 1985. Asturias no tiene en la actualidad ningún bien cultural y natural declarado como patrimonio mundial. El Comité del Patrimonio Mundial ha inscrito en su lista 812 bienes de los que 628 son bienes culturales, 160 bienes naturales y 24 bienes mixtos, y situados en 125 estados.
Tanto Ríos como García de Castro, en representación del resto de los autores de «Arte rupestre prehistórico del oriente de Asturias», reconocieron su esfuerzo por «poner las justas citas a pie de página y reservar el estilo erudito sólo para la bibliografía especializada. Es un libro accesible para el público no especializado».