Oviedo
Desde siempre los humanos tienden a asentarse en las proximidades de cursos de agua. No sólo como fuente de agua, alimento (sendas y bebederos de fauna) y materia prima, sino porque es un camino natural para moverse por un área.
Los investigadores han comprobado que desde todos los yacimientos del Paleolítico estudiados en Asturias se accede a un curso de agua en un radio máximo de 2,5 kilómetros. En muchos de ellos (La Peña de Candamo, Las Caldas, Buxu o Llonín) se accede a la confluencia de dos ríos en un radio máximo de 5 kilómetros e, incluso, en un radio máximo de 10 hasta una tercera confluencia.
También destaca la tendencia general a ubicarse en lugares bien orientados en función de la cantidad y de la calidad del sol, lluvias y vientos. Como ejemplo, en el nivel IV del sector central de La Viña (Magdaleniense Medio) se hizo un hogar semicircular pegado a la pared aprovechando una concavidad de la misma para reflejar mejor el calor.