Cada domingo los lectores recibirán, gratis, sólo con comprar el periódico del día, las entregas del coleccionable verdaderamente imprescindible para conocer los yacimientos prehistóricos, que han convertido a Asturias en un punto de referencia mundial.
Oviedo
LA NUEVA ESPAÑA entregará el domingo, gratis con el periódico, un nuevo fascículo de «La Prehistoria en Asturias, un legado único en el mundo», una excepcional iniciativa cultural del periódico.
Cada domingo los lectores reciben gratis, sólo con comprar el periódico del día, las entregas de un coleccionable imprescindible para conocer los yacimientos prehistóricos que han hecho de Asturias un punto de referencia mundial.
El fascículo de esta semana comienza el análisis del final del Solutrense, el período de transición del Paleolítico Superior, entre el Gravetiense y el Magdaleniense, y el inicio de este último en Asturias.
A veces, para los expertos resulta incluso difícil discernir cuándo analizan la fase Solutrense final o se enfrentan a una Magdaleniense inicial.
Tampoco existe un hilo conductor claro entre los diferentes depósitos arqueológicos reconocidos hasta la fecha e, incluso, es posible que ciertos procesos del medio físico hayan mezclado materiales arqueológicos de diferentes fases.
En varias ocasiones se ha tratado sobre los fenómenos que afectan a las fases finales del Solutrense cantábrico. Los expertos destacan los cambios técnicos, tipológicos, de frecuencias de útiles característicos o de empleo de materia prima, respecto a lo que venía siendo habitual.
Recientemente, Bosselin y Djindjian han propuesto la introducción del término Badeguliense cantábrico para expresar la primera fase Magdaleniense. Ese término y su conceptualización ha sido muy matizado. Los resultados obtenidos en el yacimiento asturiano de Llonín pueden ayudar a clarificar el panorama. En el nivel III de la galería han aparecido, en un contexto sedimentario en el que el fuego fue el protagonista, restos de instrumentos empleados por aquellos antiguos habitantes de Asturias. Entre ellos figura una varilla con decoración. A partir del año -16000 el despliegue magdaleniense se consolida y es patente el aumento de yacimientos pertenecientes al Magdaleniense Inferior cantábrico, sobre todo entre la parte occidental de Asturias y el cántabro río Miera. Allí han aparecido útiles como azagayas -una especie de jabalina- de sección cuadrada y decoradas. El medio físico ha enmascarado durante bastante tiempo la presencia del Magdaleniense Medio, hasta que en los años ochenta aparecieron en Asturias tres yacimientos clave: La Viña, Las Caldas y Llonín.
En ellos también se han encontrado azagayas, bramaderas -para producir sonido- y piezas de adorno corporal como rodetes.
Esas piezas muestran la profunda relación entre la zona pirenaica francesa y el Cantábrico, pues unen los tres requisitos indispensables para demostrar la misma: forma, cronología y función.
El Magdaleniense Superior (del año -14400 al año -11500) fue dando entrada a las características que vendrán a continuación. Al calor del progresivo cambio climático que culminará con una mejora general que también trajo nuevas posibilidades para la vida diaria.