Jarrio (Coaña ),
Jorge JARDÓN
El industrial Rubén García Acevedo fabrica en el polígono de Jarrio un autocargador forestal que está revolucionando el sector. Su empeño le llevó a convertirse en la primer empresa española que elabora este tipo de autocargador, hasta el extremo de que al menos el 50 por ciento de los que se venden en España son fabricados en sus instalaciones del área industrial coañesa.
Pero ahora mismo el industrial está inmerso en un proyecto singular y estratégico en el que participan el Ministerio de Educación, el Principado, la Fundación Asturiana de la Energía y, especialmente, la Universidad, a través de su departamento de Investigación y Desarrollo.
Se trata de dar varios usos a su autocargador marca Dingo con equipamientos que multipliquen su uso, como la incorporación de una empacadora que recoja la materia prima que queda en el monte (útil para hacer biomasa) y la vaya compactando.
Pero otro de los usos previstos es el de adaptar su máquina a tareas de protección civil, de manera que pueda emplearse en incendios forestales con capacidad para 10.000 litros o en otras catástrofes, teniendo en cuenta su facilidad de penetrar en lugares inaccesibles y de adaptarse al terreno, hasta el punto de considerar que su máquina puede funcionar incluso con un metro de agua. Rubén García Acevedo, director gerente de la empresa, considera que la máquina estará terminada antes del próximo verano y que pueda empezar a ser comercializada a finales de 2008.
Toda la historia comenzó hace catorce años, cuando Rubén García Acevedo, que tenía un amplia experiencia en empresas gallegas del sector, decidió independizarse y correr un riesgo al que pocos se atreverían.
Decidió encerrarse en su casa de Villapedre, en el concejo de Navia, trabajando durante casi tres años con dedicación en el proyecto y con una fe ciega en los cálculos con que venía operando, no pudiendo esperarse un mejor resultado, puesto que él mismo reconoce que al llevar los planos a la práctica «el autocargador salió a la primera». Tan perfecto resultó, que esa primera pieza sigue en activo catorce años después, aunque haya cambiado de manos y pasado ya por las manos de tres propietarios.
El riesgo fue venciéndose y en estos años han salido del taller de Jarrio trescientas unidades repartidas por muchos lugares, especialmente el norte de España, Portugal y Francia.
Se fabrican dos modelos, uno de diez toneladas y 120 caballos, y otro con capacidad para 15 toneladas y 200 caballos. En cuanto a sus prestaciones, Rubén apunta que cuenta con tracción a todas las ruedas -seis u ocho, dependiendo del modelo- y dispone de tres diferenciales -dos transversales y uno longitudinal- con los correspondientes blocajes y con una adaptación al terreno total, pudiendo pasar de una pista a otra a través del monte sin dificultad.
La razón de la gran aceptación que ha tenido esta máquina es que fue el primer modelo de esas características fabricado en España, lo que supuso un avance sobre todo lo que se conocía hasta entonces. Según Rubén García, su mayor virtud es su poder de penetración en lugares a los que ninguna otra máquina había llegado antes, y su fiabilidad y poderío para las pendientes.
«El autocargador se pone en vertical sin problema», asegura Rubén. «Y quien lo dude puede venir a presenciar una demostración cuando guste», reta. Otras cualidades son la de tener un reparto de pesos muy ajustado y un modelo de rueda que se adapta al monte. Tampoco se debe olvidar su comodidad para trabajar, al poder ser atendido por una sola persona, que no necesita bajarse del asiento en toda la jornada.
Explica Rubén García que el autocargador va provisto de un asiento giratorio y dotado de dos mandos con seis funciones, lo cual le permite ir recogiendo la madera en todas las direcciones en un diámetro de 14 metros.
Esta pequeña industria de Jarrio, que ha tenido que ir colocando piedra sobre piedra desde la nada, da trabajo actualmente a 16 personas, entre ella a dos ingenieros que estudian constantemente para adaptarse a un mercado que requiere avances de día en día. En este momento la empresa está a la espera de un relanzamiento de sus productos a nivel nacional e incluso internacional.
El autocargador se comercializa con el nombre de Dingo debido a su similitud con el perro salvaje australiano de igual nombre, por su agilidad y bravura que se ajustan a sus prestaciones.
Aunque Rubén señala que la marca cuenta con un peso importante en el mercado, también avanza que las nuevas funciones con las que se le va a dotar no harán sino aumentar su prestigio en los mercados nacionales e internacionales.