JAVIER MORÁN
Innivación» no es término incluido todavía en el Diccionario, pero bien que la echan en falta estos días del puente en San Isidro, en Fuentes de Invierno o en Valgrande-Pajares. El caso es que no se pueden «innivar» las pistas porque la temperatura no ayuda a que los cañones de nieve hagan su trabajo. En cambio, en Sierra Nevada, gracias a dichos cañones en funcionamiento, gozaban ayer de nueve kilómetros de pistas y largas colas en pos del forfait.
No sabemos si esto de «innivar» escapará al debate sobre el ahorro energético que ha propuesto la ministra Narbona, pero ya pueden ir contemplando una excepción las autoridades porque las últimas predicciones climáticas dicen que los desiertos norteafricanos se extenderán dentro de unas décadas hasta ocupar dos tercios de la piel de toro, mientras que el Norte, el nuestro, se convertirá en una especie de «Riviera» mediterránea.
En todo caso, «innivar» vendría a ser la expresión más perfecta de la lucha práctica contra el calentamiento del planeta, aun cuando la cosa saldría por un ojo de la cara y a costa de consumos de agua descomunales. Por ejemplo, en el Pirineo, las estaciones invernales catalanas ya andan por los 2.200 cañones de nieve, y creciendo, ya que padecieron en la campaña de 2006 la mala experiencia de perder un millón de esquiadores gracias a la dulce invernada reinante.
Sin embargo, la «innivación» pasa también su factura. En Baqueira-Beret agotaron el año pasado un lago entero dándoles de beber a los cañones. La cosa acabó en los tribunales, tras la correspondiente denuncia de una organización ecologista.
De ello se deduce lo de siempre: lo que no da la Naturaleza le acaba costando un riñón a la Naturaleza. Algo tendrá que decir Narbona.