PACO G. REDONDO
Según el informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) hecho público el 4 de diciembre, los escolares asturianos de la ESO se encuentran 13 puntos por encima de la media OCDE en Matemáticas y 4 en Ciencias, mientras que en lectura se encuentran 7 puntos por debajo. La media española queda bastante por debajo en las tres competencias. Del informe se desprende además que el nivel de comprensión de lectura del alumnado español ha descendido en los últimos años.
En este informe referido al año 2006 han participado jóvenes de 15 años de 57 países, incluidos los 30 de la OCDE y, además de la muestra estatal española, hay otra suficientemente representativa de diez comunidades autónomas. Entre ellas, Asturias, por encima de la media nacional, es la sexta en Ciencias, la séptima en Matemáticas y la octava en lectura entre las diez comunidades encuestadas, en tanto que Andalucía ocupa el último lugar en los tres apartados.
De modo que la educación, en Asturias, sale relativamente bien parada en comparación con el conjunto nacional, pero con el contrapunto en el apartado de lectura al gran optimismo de nuestras autoridades educativas, en tanto que la enseñanza española suspende en estos tres apartados fundamentales. Ello no es asunto secundario ni puede atribuirse a los abuelos o a la casualidad: ¿qué adelantaremos con esconder la cabeza debajo del ala?
En nuestra región suele presumirse de contar con una baja ratio de alumnos por profesor, si bien ello es debido no sólo al esfuerzo inversor de la Consejería, sino también a la aguda caída de la natalidad en las últimas décadas. Es de alabar el esfuerzo presupuestario que parece que se va a hacer para reconocer la carrera profesional docente, la atención a la diversidad del alumnado y el impulso a las nuevas tecnologías en los centros.
Otro aspecto que puede contribuir a explicar estos resultados negativos es el gran aumento del número de alumnos inmigrantes, especialmente en el sur peninsular. En buena parte de los casos se trata de alumnado con difíciles situaciones socioeconómicas y atraso escolar entre sus características, incluso en el plano idiomático. En este sentido, España no avanza lo suficiente (4,7% del PIB en educación por el 5,5% de la OCDE) y, todavía sin estatuto docente nacional, pisa sin garbo.
Tampoco contribuyen a la mejora de los rendimientos en el aprendizaje la continua reforma de leyes educativas orgánicas, cambio de asignaturas y polémicas partidistas a cada cambio de Gobierno. A más corto que medio plazo habrá que ir hacia una enseñanza obligatoria y gratuita desde los 3 hasta los 18 años, que prime la cultura de la igualdad de oportunidades y del mérito en vez de la comodidad y una aparente y falsa igualdad de resultados.
Así las cosas, cabe preguntarse hasta qué punto la enseñanza sufre las consecuencias de la cultura audiovisual imperante -televisión, chats en internet, Play Station, SMS en los teléfonos móviles...-, y en qué medida el sistema educativo responde eficientemente a las nuevas realidades sociales, pues ya hace más de quince años que la LOGSE implantó la enseñanza obligatoria y gratuita hasta los 16 años. De momento, en lectura, España está con Z de «Zuzpenzo»...
Paco G. Redondo es profesor de instituto