ALBERTO MORTERA
¿A quién defiende Antonio Masip con sus enredos en torno al futuro de «Villa Magdalena»?, porque, desde luego, a Oviedo y a los intereses de los ovetenses, no. Siendo además una decisión suya en 1986 la que aprueba el plan urbanístico que prevé que este inmueble se salve de la piqueta mediante la expropiación debería guardar un prudente silencio o respaldar la absoluta transparencia con la que se ha llevado este asunto. Porque no encontrará ni él ni nadie una lente más clara que la que enfoca los pasos que han guiado esta operación.
Primero: don Antonio Masip es alcalde de Oviedo entre 1983 y 1991; que la ciudad languidecía bajo su mandato no viene al caso recordarlo.
Segundo: el Plan General de Ordenación Urbana aprobado en 1986 -con el apoyo de la oposición, en tiempos en los que el partido político que no gobernaba no se llevaba por delante los intereses de los ovetenses con el afán de obtener algún rendimiento electoral- prevé tres expropiaciones idénticas para salvar tres inmuebles señeros del patrimonio histórico: el Colegio Hispania, el palacete de la Lila y «Villa Magdalena». Que nada de ello se materializase se corresponde con aquellos tiempos donde la ineficacia y la irresolución eran el emblema del Ayuntamiento de Oviedo.
Tercero: al final de su mandato, poco tiempo antes de que una mayoría de ovetenses -hartos de la agonía y la parálisis de la capital de Principado- le enviase a la oposición, el señor Masip pone en marcha la expropiación de «Villa Magdalena». Por las mismas fechas la vieja estación del Vasco había sido demolida por el señor Masip, sin que nadie retirase tan siquiera los escombros, que empezaban a cubrirse de zarzas. Un ejemplo elocuente de lo que no debe hacerse si se quiere preservar la memoria construida de una ciudad.
Cuarto: ya como concejal de la oposición, el señor Masip insiste en 1991 en que la expropiación de «Villa Magdalena» se inicie con carácter inmediato, esgrimiendo las decisiones adoptadas en su olvidable etapa como alcalde.
Quinto: el Colegio Hispania es hoy la sede del Colegio de Arquitectos de Asturias, la Lila es un cibercentro municipal por donde han pasado miles de ovetenses a familiarizarse o perfeccionar el manejo de las nuevas tecnologías, y «Villa Magdalena» volverá a ser con carácter inmediato un centro social y cultural para todos los ovetenses y asturianos. No han sido demolidos como el «Concha Heres» en Toreno o el palacio del marqués de Aledo en Santa Susana. Con ello, una parte esencial de la arquitectura y del urbanismo del siglo XX se ha salvado y modernizado para los usos del siglo XXI.
Posdata. Claro que el Ayuntamiento entiende que la cifra a abonar por «Villa Magdalena» es elevada, pero la misma ha sido fijada por el Tribunal Supremo, no por el Ayuntamiento u otra instancia política. Evidentemente, esta separación de poderes le parece hoy en día incomprensible al señor Masip, acostumbrado a jalear y enaltecer decisiones políticas de la España actual que pervierten competencias judiciales para excarcelar o devolver a prisión a algún que otro terrorista que ha asesinado a ciudadanos indefensos por decenas.
Por tanto, dado que el señor Masip y parte del PZOE actual no defienden intereses de los ovetenses, ¿a quién defienden en realidad?, ¿existen contraprestaciones por esa defensa de intereses legítimos pero particulares?, ¿o es sólo un episodio más de esa saga en que todo vale contra Oviedo porque la mayoría de los ciudadanos ni comprende ni comparte la deriva cual pollo sin cabeza del PZOE actual?
Alberto Mortera Fernández es concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Oviedo.
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