Oviedo, M. S. M.
El Parque de la Prehistoria de Teverga cuenta desde estas Navidades con un volumen que recoge a todo color y con detalle la realidad de un proyecto que pone al alcance de todos los públicos el arte del Paleolítico desarrollado en el Arco Atlántico europeo.
La obra, con textos del profesor de Prehistoria de la Universidad de Oviedo Javier Fortea y una introducción descriptiva de los pormenores del proyecto, de Félix Fernández de Castro, ha sido editado por Sedes como obsequio navideño.
A lo largo de casi doscientas páginas y un amplio número de fotografías, el libro describe desde los primeros pasos que permitieron la puesta en marcha del parque hasta los detalles científicos que ayudan a comprender lo que decidió al hombre prehistórico a cubrir las paredes de las cuevas con signos abstractos o representaciones de animales. En sus páginas se reproduce buena parte del material gráfico y los textos elaborados por el comité científico para los paneles que en el complejo reproducen cuevas como la de Altamira, Tito Bustillo o algunas francesas como Lascaux o Chauvet.
En su descripción de las pinturas, el profesor Fortea habla de los diferentes temas representados, de las técnicas de grabado, del soporte y del color. Además se adentra en la cronología del arte rupestre para destacar las dificultades de datación que los investigadores se encuentran en la mayoría de los casos.
El capítulo dedicado a los autores de tales representaciones se amplía con breves comentarios sobre las cuevas como lugar preferente del hombre prehistórico para plasmar su visión del mundo, y con textos que hacen referencia al arte como ocio y placer, el totemismo, la magia de la caza y la fecundidad y el chamanismo, entre otras reflexiones que profundizan en un mundo artístico que rebosa teorías desde que fuera descubierto durante la primera mitad del siglo XIX.
«Cueva de cuevas» es el capítulo que entra de lleno en lo que significa el Parque de la Prehistoria. En este edificio, uno de los tres en que se divide el complejo, se recrea una atmósfera buscada para incitar el sentimiento del descubridor, del aventurero. Allí los visitantes, en una instalación que se prolonga bajo tierra, se dan de bruces con tres ejemplos de referencia para el arte paleolítico: las cuevas de Niaux (Francia), Tito Bustillo y Candamo. Los tres han sido elegidos por su representatividad, por la importancia y singularidad de cada uno de ellos y porque constituyen una señal de la intención y la ambición con las que se formaron.
Muy cerca, el edificio principal está orientado a transmitir el suficiente conocimiento de lo que es el arte paleolítico. Para ello se utilizan fotografías, copias y facsímiles, además de soportes audiovisuales que permiten recorrer las manifestaciones artísticas más representativas. Réplicas de varias cuevas francesas se suman a las reproducciones de otras más cercanas como las de Llonín, Covaciella, Tito Bustillo y Altamira, entre otras.