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30.000 huesos y enterramientos mesolíticos en buen estado de conservación

 
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Arangas (Cabrales),
Rebeca AJA

A mediados de la década de los ochenta, un grupo de científicos capitaneado por Pablo Arias Cabal, catedrático de Prehistoria y director del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria, sondeaban el macizo cárstico de Arangas con una esperanza: encontrar en la cueva de Los Canes y las de su entorno (la de Tíu Llines, según citan los expertos, y la de Arangas) indicios que ayudasen a profundizar en el estudio del origen de las sociedades agrícolas en la fachada atlántica europea.

Lo consiguieron. Descubrieron testimonios inéditos sobre uno de los procesos históricos más relevantes y peor documentados, según los investigadores. El más espectacular, sin duda, fue el hallazgo, en el vestíbulo de la cueva de Los Canes, de tres enterramientos mesolíticos en buen estado de conservación.

Las tres galerías ubicadas en el macizo de Arangas fueron exploradas entre 1985 y 1998, año en el que concluyó la campaña arqueológica desarrollada en la cueva de Arangas con el descubrimiento del testimonio más antiguo sobre la actividad de la metalurgia en el norte de España: un horno de fundición de cobre. La intervención en esta cavidad no se reanudaría hasta agosto de 2007, prolongándose durante dos semanas. Una vez más, el yacimiento volvió a aportar nuevos restos arqueológicos que aún se estudian minuciosamente en laboratorio para cerciorar su datación, origen y uso. En esta ocasión se trata de casi 500 huesos de ciervo, jabalí, corzo, cabra y vaca con posiblemente más de 2.000 años de antigüedad.

Restos cuyo hallazgo supone en sí un éxito, pero también la posibilidad de entender lo descubierto en fases anteriores. Lo más interesante de esta última intervención en Arangas, tal como apuntaba entonces el director de la excavación, era poder poder seguir encontrando testimonios de la evolución de las sociedades campesinas en el norte peninsular, donde han existido ocupaciones «muy ricas» y donde la cueva de Arangas es una de las cavidades «más interesantes y mejor documentadas» del Cantábrico.

Son más de 30.000 los huesos encontrados en Arangas. Algunos adscritos al Mesolítico (unos 8.500 años a. C.), propios de los grupos de cazadores recolectores. Se han hallado restos de animales «de roca», como corzo, rebeco o cabra montés. Pero en los niveles más recientes también aparecieron restos arqueológicos de especies domésticas, como un tipo de vaca muy pequeña y también de cerdo. Indicios que ayudarían a elaborar un listado de animales domésticos introducidos hacia el 4.000 o 5.000 a. C. El descubrimiento más relevante de la campaña de 2007, la última hasta la fecha, fue un asta de ciervo, recortada probablemente para fabricar algún instrumento, y un raspador de sílex.

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