CASTRILLÓN
Piedras Blancas,
Inés MONTES
La prueba del carbono 14 ha determinado que las ruinas desparramadas por el Peñón de Raíces o Pico Alto, como lo conocen los lugareños, no datan del siglo IX como durante muchos años se pensó, son anteriores en unos 250 años. El castillo de Gauzón se levantó a finales del siglo VII o principios del VIII, según las conclusiones extraídas por los arqueólogos que participaron en las excavaciones, Alejandro García e Iván Muñiz, tras conocer los resultados de la prueba del carbono 14 realizada en los últimos meses en el laboratorio Beta Analytic de Florida (EE UU).
Los documentos escritos datan la construcción del castillo de Gauzón a finales del siglo IX. Fue el rey Alfonso III El Magno el artífice del proyecto. Sus muros fueron la prisión de su hijo García I, que se rebeló contra su padre. El enclave fue también albergue para los peregrinos que realizaban el Camino de Santiago por la costa.
Vicente José González García, relata en su libro «El castillo de Gozón», que la fortaleza fue también base de fechorías del conde Gonzalo Peláez al sublevarse contra Alfonso VI «y pieza clave de las luchas asturianas entre Pedro I y Enrique II, por lo que Juan I ordenó su demolición en el siglo XIV».
«El castillo de Gauzón formaba parte de la malla defensiva tejida por los reyes asturianos de la Alta Edad Media, con especial atención a la franja costera, para blindar el territorio de los enemigos de la época. Fue uno de los más importantes, junto a los de San Martín, en la desembocadura del Nalón; Santa María, en la ría de Villaviciosa; y el de Tudela, en Olloniego. En un segundo nivel estaban fortalezas como la de Peñaferruz (Gijón). Más por debajo aún, al menos atendiendo a la calidad de la construcción y al tamaño de las guarniciones al cargo, había decenas de torres y torreones defensivos que se desperdigaban por todo el territorio», relata Alejandro García.
La elección del Peñón de Raíces para levantar un fuerte defensivo parece obvia: había que proteger la ría de Avilés de las invasiones vikingas y musulmanas. «Es difícil conocer la operatividad de estas construcción para frenar a los invasores, que llegaban siempre por mar. Más bien era una construcción de propaganda. Antes que parar a los invasores a cañonazos, la idea era disuadirlos con una construcción de semejante de porte y tronío», afirma Alejandro García.
Los muros del castillo de Gauzón cobijaron un taller de orfebrería en el que en el año 908 se cubrió de piedras preciosas la Cruz de la Victoria, tal y como reza la propia inscripción que recorre el reverso de la joya, emblema de Asturias y que está depositada en la catedral de Oviedo.
La primera campaña de excavaciones arqueológicas financiadas por el Ayuntamiento de Castrillón la desarrollaron Iván Muñiz y Alejandro García la primavera pasada. La intervención se realizó sobre 250 metros cuadrados de los 14.000 que tenía el castillo. Cuatro de las muestras que recogieron las enviaron a Florida para hacer la prueba del carbono 14. Estos análisis permitieron datar en el siglo XI una muestra recogida en una de las dependencias internas de la plataforma intermedia y otra recogida junto a la muralla. «Estas dos fechas de carbono 14 nos permiten empezar a definir la evolución histórica y constructiva del castillo. Estamos ante la fase condal, cuando el rey entregaba el dominio de Gauzón a los principales condes de la época», afirman.
Pero sin duda, las dataciones más relevantes son las conseguidas con las otras dos muestras. Una de ellas pertenece a «un nivel de incendio» de una construcción localizada en la plataforma inferior del castillo, en la zona oriental de la fortificación. La otra muestra son carbones recogidos en la cimentación de la muralla de la plataforma superior. Ambas, según las pruebas realizadas en EE UU, sitúan cronológicamente el enclave entre la segunda mitad del siglo VII y la primera del siglo VIII.
«Estas dos fechas introducen un factor realmente novedoso en la historia de Gauzón, como es la posibilidad de la existencia de un castillo anterior al construido por Alfonso III a finales del siglo IX», sostienen García y Muñiz. Los arqueólogos directores de las excavaciones de Raíces sostienen que de los restos hallados se puede deducir que «las habitaciones interiores del castillo estaban bien hechas a la usanza romana y tenían un alto nivel aristocrático». Y añaden: «Estamos hablando de un período, finales del siglo VII y principios del VIII, fundamental en los orígenes de la Edad Media en Asturias y del que apenas se conoce nada. Es la denominada "Edad Oscura", la Tardoantigüedad. El final del reino visigodo, la conquista musulmana, la gestación del reino de Asturias».
El procedimiento del carbono 14 para datar restos orgánicos de cientos o miles de años fue utilizado por primera vez en 1940 por el norteamericano Willard Libby y su equipo de la Universidad de Chicago. Por este método consiguieron el premio Nobel de Química en 1960.
Esta prueba, la más habitual para datar restos orgánicos, se fundamenta en los isótopos del carbono con masa atómica 14 y no 12, como es la habitual de los átomos. El carbono 14 es radiactivo y va desintegrándose con el tiempo en los objetos orgánicos hasta su desaparición. El carbono 14 también se utilizó para datar el castro prerromano de Coaña.