JAVIER MORÁN
La suite nupcial para el oso «Furaco» y las hermanas huerfanitas «Paca» y «Tola» ha costado 400.000 euros. Todo sea por la pervivencia de la especie. Si, en caso de apocalipsis, la última humana fértil fuera a aparearse con el último humano ubérrimo, la ONU no escatimaría recursos. Otra cosa más arriesgada sería que invitaran a Bush y a Putin a abrirles las puertas de la suite a los copulantes, para significar que el planeta entero y los representantes de las potencias mundiales esperan todo de ellos.
Sin embargo, en las puertas del cercado de Santo Adriano no pudieron faltar los presidentes asturiano y cántabro. Por parte del progenitor macho vino Revilla y afirmó: «Furaco no va a fallar», y lo dijo así, como quien le da un codazo al consuegro y, mediante una mirada maliciosa, le anuncia la sana prole.
Por parte de las huerfanitas, el presidente Areces, menos espontáneo que su colega, logró trabar a las hermanas plantígradas con conceptos de «calidad medioambiental», «política de preservación», «biodiversidad», etcétera; de modo que vino a contemplarlas «sub specie aeternitatis», mientras que Revilla tiraba a lo concreto: «Furaco viene bien alimentado. Ha comido anchoas y sobaos...».
¿Resistirán los protagonistas de este potencial «ménage à trois» tanta presión inicial, sumada al estrés de sus respectivos traslados a la suite?
Y en el plano científico, el intento de coyunda se llama «Proyecto de manejo reproductivo de osos pardos en cautividad», pero, si se nos disculpa el coloquialismo, la cosa consiste en que el oso se ponga burro, o sea. Ahora bien, las huerfanitas han de aceptarlo, pues son primerizas, con lo que «Furaco», por muy lanzado que esté, deberá comportarse sin precipitación y con galantería, como si fuera un maestro del «Ars amandi». Apasionante.