XUAN XOSÉ SÁNCHEZ VICENTE
estos días atrás, la etiquetada como «ministra de Igualdad», Bibiana Aído, ha venido a Asturias para tomarnos el pelo y tratar de embaucarnos. En efecto, la Ministra ha prometido poner en marcha en Avilés una institución de claras resonancias molierescas, «La escuela de las emprendedoras».
Pasemos por alto que nadie sabe muy bien cuándo va a ser ello, vamos a preterir que tampoco existen para tal ente de razón ni planes concretos ni terrenos, tan sólo una cierta voluntad de ser. Es ya más preocupante que el dinero de los contribuyentes sirva únicamente para «entretener» a las damas, y no a los varones, dentro de la campaña de espíritu de secta que viene desarrollando el PSOE zapaterino: que no se ve muy bien por qué tendrían que quedar ellos exclusos de un invento en teoría tan benéfico. Pero, por otro lado, bien cabría pensar -como lo hacen muchísimas mujeres- que lo que estas damas del nuevo ropero entienden, en realidad, es que la mujer tiene en sí alguna carencia que la hace constitutivamente (no socialmente) inferior al varón, y que, por ello, hay que darle un tratamiento especial compensatorio. Esa visión -que, repito, creen muchas ciudadanas que está en el fondo de la actitud hacia la mujer de la progresía de ropero- sería realmente vejatoria.
Pero tengamos por cosa trivial toda esta mezcla de camelo y charlatanería. Demos por bueno que tiren nuestro dinero, que se gesten políticas demagógicas para ganar votos, que se realicen promesas sin concreción. Lo más grave es que todo ello es un cuento chino cuya utilidad es ninguna. Porque a ser empresario (ni siquiera empresaria) no se aprende en ninguna escuela: es una predisposición de la que se está dotado o no; un conocimiento que se adquiere únicamente mediante la interacción con la actividad económica y la experiencia que de ella se obtiene; una capacidad de decisión que proviene tanto de la propia actitud ante el riesgo como del conocimiento preciso de la coyuntura en el segmento específico en que ha de crearse, cambiar de rumbo o crecer la concreta empresa que lleve esa persona; que permiten o constriñen las posibilidades reales de financiación que el patrimonio personal o el crédito institucional ofrezcan para poder realizar los proyectos que el emprendedor o la empresa tengan. Es decir, que si la escuela pretende «crear empresarios» como el que entrena astronautas para nada sirve; si lo que intenta es dar formación jurídica o financiera, existen para ello ya otras muchas instituciones formativas.
En fin, que si nuestra ministra de Igualdad y el Gobierno socizapaterino pretendiesen hacer algo de verdad por facilitar la creación de empresarias y empresas y aun de empresarios (y empresos) lo que podrían hacer, para empezar, debería ser simplificar los trámites para la constitución de sociedades económicas, ya que somos uno de los países del mundo en que más tarda una empresa en obtener los permisos para echar a andar, con lo que ello tiene de desmoralización, pérdida de oportunidades y, sobre todo, costos añadidos, tanto en gasto como en capital inmovilizado. Podrían también modificar la fiscalidad de la empresa y, si acaso -aunque es cuestión más discutible-, las condiciones de acceso al crédito. Pero claro, todo eso tiene que ver con el mundo real, y no con la propaganda, por lo que al socialismo zapaterino le interesa poco.
De modo que a doña Bibiana Aído hay que incluirla en el mismo capítulo que los que nos prometen duros a cuatro pesetas, dietas milagrosas, la adivinación del porvenir y la curación milagrosa (todos iguales: desde el llariegu alicorniu, a la lectura del puro, la geomancia, la cartomancia, la nigromancia o la astrología).
En una sociedad respetuosa consigo misma, no dispuesta a tolerar a los falsarios ni a quienes vienen a reírse de ellos con embelecos, doña Bibiana sería escorrida hasta más allá del Payares, tal como se merece por embaucadora: a moñicazos: no con dolor, sino con justicia.
P. S.: Del mismo carácter que esta burla son la mayoría de las medidas que el Gobierno ha propuesto a través del señor Sebastián: luz más barata para los que no tengan en casa más gasto que el de las bombillas y la nevera (o tengan trampa en el contador), rebajas fiscales para que compren coches caros los que, hasta ahora, lleven quince años con su vehículo porque no han tenido dinero para cambiarlo. Y una subida de la luz de «sólo» un 6 por ciento que, sumada al 3,3 por ciento de enero hace un 9, 498 por ciento, sí que está bastante cerca del 11,3 por ciento pedido por la CNE, y no del «valor cercano a la inflación» prometido por don Zapatero y aseverado por don Sebastián. Añadan ustedes otro pico en septiembre «y ya está hecho».
A la vista de estas realidades qué creen ustedes que piensan ellos sobre lo que somos los ciudadanos. Pues no se equivocan.
Xuan Xosé Sánchez Vicente es presidente del PAS.