Luxemburgo
Los ministros de Trabajo de la UE buscaban ayer un acuerdo sobre la norma comunitaria que regula el tiempo de trabajo para que permita una semana laboral de hasta 65 horas. Esta directiva enfrenta desde hace más de tres años a los países que reclaman una mayor flexibilidad, que encabezan Reino Unido y Alemania, contra los que quieren acabar con las excepciones que permiten trabajar más de 48 horas a la semana, liderados por España.
El secretario de Organización del PSOE, José Blanco, aseguró que los socialistas intentarán «frenar» en el Parlamento Europeo la directiva, que calificó de «intento de regresión social» por parte de la «mayoría conservadora» de los gobiernos europeos.
«España tiene una posición contraria a la propuesta de esta directiva. (...) que acerca a Europa más al siglo XIX que al XXI», dijo, por su parte, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho.
La propuesta de compromiso elaborada por la Presidencia eslovena se sitúa más cerca de las posiciones de Reino Unido que de las de España, ya que consagra el «opt-out» (excepciones) y eleva el tope máximo de tiempo de trabajo a 65 horas semanales. No obstante, se prevén una serie de salvaguardas para garantizar que los trabajadores aceptan el «opt-out» voluntariamente y no forzados por temor al despido.
La delegación española, con el apoyo de Francia, Italia, Grecia y Chipre, ha logrado hasta ahora bloquear la renovación de la directiva sobre tiempo de trabajo porque no fijaba una fecha para acabar con el «opt-out», lo que a juicio de estos países es incompatible con la Europa social. Lo más probable, sin embargo, es que Italia cambie de bando y Francia estudia también dar su visto bueno a la propuesta eslovena.
Por otra parte, el Gobierno irlandés y los dos principales partidos de la oposición, el Fine Gael y el Laborista, lanzaron un mensaje conjunto en favor de la ratificación del Tratado de Lisboa, que se decidirá en referéndum este jueves.
«Esta cuestión está por encima de intereses partidistas», recalcó el primer ministro y líder del mayoritario Fianna Fail, Brian Cowen, durante un acto en el que estuvo acompañado por el jefe de la oposición, Enda Kenny, y el líder laborista, Eamon Gilmore.
Los tres comparecieron juntos por primera vez desde que comenzase la campaña sobre el referéndum para destacar los aspectos positivos del citado texto comunitario y evitar, en su tramo final, una victoria del «no» que, según los últimos sondeos, parece posible. Cowen destacó que la unidad de los tres dirigentes demuestra, además, que la ratificación del Tratado de Lisboa es uno de los «asuntos más importantes» para el futuro económico y social de Irlanda.
Mientras tanto, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Nicolas Sarkozy, llegaron a un acuerdo sobre la reducción de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de los automóviles que se fabriquen a partir del año 2012.